Libros en movimiento / Books in motion (01/07/2017 – 15/07/2017)

  • Patria – Fernando Aramburu
  • Trieste. O el sentido de ninguna parte – Jan Morris
  • En busca de la luna – Karen Chance
  • Medusa – Ricardo Menéndez Salmón
  • Instrumental – James Rhodes
  • Historia de dos ciudades – Charles Dickens
  • El cuarto protocolo – Frederick Forsyth
  • Ventanas de Manhattan – Antonio Muñoz Molina
  • La niebla y la doncella – Lorenzo Silva
  • En la oscuridad – Antonio Pampliega
  • Misión olvido – María Dueñas
  • Los hombres del norte – John Haywood
  • La chica que dejaste atrás – Jojo Moyes
  • Animales y más que animales – Saki
  • Santuario – William Faulkner
  • ¿Me puedo quedar la camiseta? – Paul Shirley
  • La casa de los espíritus – Isabel Allende
  • La vuelta al mundo en 80 días – Julio Verne
  • Una hija de las nieves – Jack London
  • El guardián invisible – Dolores Redondo
  • El sabueso de los Baskerville -Arthur Conan Doyle
  • La sombra del viento – Carlos Ruiz Zafón
  • El nombre del viento – Patrick Rothfuss
  • Las vírgenes suicidas – Jeffrey Eugenides
  • Los caminantes – Carlos Sisi
  • Estudios del malestar – José Luis Pardo
  • Ché Guevara – Manuel Jiménez / Manuel Mas Franch
  • El hospital de la transfiguración – Stanislaw Lem
  • Espérame en la última página – Sofía Rhei
  • Beltenebros – Antonio Muñoz Molina

“Libros en movimiento” no tiene más pretensión que dejar constancia de aquellos libros que veo en mi deambular diario. Es, simplemente, lo que logro ver que la gente lee. No hay ninguna intención comercial o publicitaria. En vuestras manos está decidir si alguno de ellos merece ser parte de vuestra vida.

“Books in Motion” has no pretension but listing those books I see in my daily wander. It is just what I am able to see from people’s readings. There is no comercial or advetising intention. It is up to you to decide if any of those books should be part of your lives.

At the existencialist café – Sarah Bakewell

Mi vida literaria, y por lo tanto mi realidad vital, está estrechamente unida al existencialismo, incluso sin saberlo. Se podría decir que fueron Camus y Sartre quienes convirtieron a un adolescente al que le gustaba más bien poco la lectura (no así la literatura, esto lo explicaré en otra ocasión) en un lector casi compulsivo. Camus me presentó en La Peste, con toda la meticulosidad posible, la angustia ante el absurdo. Las crudas descripciones de las reacciones de los ciudadanos de Orán, asediados por la cruenta enfermedad, me parecía que tenían, sin saber exactamente a lo me enfrentaba, un halo de filosofía y, quizás, misticismo. Especialmente sobrecogedora fue la inoperancia asfixiante con la que Joseph Grand se enfrentaba a su necesidad de perfección en cada palabra mientras intentaba comenzar a escribir su libro (ese en el que la amazona nunca se acababa de internar plenamente en el Bois de Boulogne). De La Náusea de Sartre, que fue el siguiente libro que cayó en mis manos – ambos de la colección de Seix Barral de literatura contemporánea – recuerdo especialmente que me impactó una oración que decía: “En mis manos hay algo nuevo, cierta manera de tomar la pipa o el tenedor. O es el tenedor el que ahora tiene cierta manera de hacerse tomar”. Puede parecer banal, pero esa forma de expresar cierta “confusión” en la interacción con las cosas me abrió los ojos a una forma diferente de pensar. Ambos, digamos, fueron mis dos primeros libros de “adulto”. No pudo ser casualidad que fueran de dos de los máximos exponentes del existencialismo. 

Por eso cuando se cruzó por mi camino At the existencialist café (En el café de los existencialistas) de Sarah Bakewell no tuve más remedio que hacerme con él. Afortunadamente para mí.

Cuando uno piensa en un ensayo sobre el existencialismo mezclado con perfiles biográficos de los propios existencialistas tiende a plantearse la densidad que puede acarrear lo que ahí se cuente. Sin embargo, Sarah Bakewell consigue crear una especie de trama novelesca que hace que este ensayo se convierta en algo vivo ante el lector. 

Sin incurrir en alardes intelectualoides, que serían del todo discordantes en una obra de divulgación como esta, a lo largo del texto vamos descubriendo la filosofía existencialista de autores como Beauvoir, Sartre, Camus, Heidegger, Jaspers o Marcel, y somos guiados para lograr hilar la evolución de esta corriente filosófica que, aunque pueda parecer que huele a rancias ideas de café parisino de primera mitad del s.XX, influye aún hoy en el arte, la cultura y la realidad social (el capítulo 14 podría haberse llamado, increpando al lector de hoy en día, “tú eres un existencialista aunque no lo sepas”). 

Una cosa que considero novedosa y atractiva de este libro es que Bakewell intenta obviar sus predilecciones filosóficas y afectivas por algunos de los autores y, aunque las loas sean expresadas y ciertos aspectos positivos de la biografía de algunos de estos autores sean recalcados, no omite, ni pasa sobre ellos de forma ligera, las sombras de su vida y los momentos en que estos tuvieron que poner en duda e, incluso, dar un giro drástico a su doctrina pues sus vivencias – en muchos casos las relativas a la II Guerra Mundial que la mayoría de estos autores tuvieron que afrontar – les hacían entender lo erradas que estaban sus ideas o lo contradictorias que eran confrontadas con sus actos y sus creencias. 

Un libro de divulgación como este es más que necesario en estos tiempos en que el existencialismo es ninguneado en los sistemas educativos hasta el punto de ser obviado en muchas ocasiones, lo cual es algo incomprensible pues es una filosofía alejada de formalidades de salón dieciochesco y generada en la vivencias sociales de café y trincheras. Como indica Bakewell “a philosophy (made) out of vertigo, voyeurism, shame, sadism, revolution, music and sex”. Las revoluciones sociales de la segunda mitad del s.XX surgieron, en gran parte, de las ideas de estos pensadores que creían en una filosofía activa y socialmente útil.

Este libro, además, se presenta como una apología de la filosofía, doctrina que en la actualidad está siendo denostada y vilipendiada sistemáticamente por ciertos sectores de la población que saben que es un elemento poderoso que ayuda a vivir confrontando las ideas en vez de asimilando las imposiciones del sistema. “Philosophy is neither a pure intellectual pursuit nor a collection of cheap self-help tricks, but a discipline for flourishing and living fully human, responsible life” indica Bakewell en cierto momento de la narración. No nos olvidemos de ello pues el pensamiento es la base de nuestra identidad mucho más de lo que pueda ser nuestra imagen o nuestros actos. Sin la ayuda de los pensadores que nos preceden, sin conocer como bregaron con los mismos problemas que sufrimos hoy en día y como intentaron entenderlos, no seremos capaces de avanzar de forma plena a una sociedad estable, igualitaria, empática y evolucionada. 

Sirva esto también como una defensa personal de la filosofía. ¡Pensad, malditos!

Comentario final sobre la edición española (Ariel, 2016)

No suelo hacer comentarios explícitos sobre ediciones concretas salvo que haya algo que me haya sorprendido. Normalmente esa sorpresa suele ser negativa. Esta vez no es una excepción. Me refiero a la edición española de At the existencialist café. La edición original británica de Chatto & Windus, como las siguientes de Vintage o las traducciones a otros idiomas como el neerlandés, italiano o alemán, llevaban como subtítulo “Freedom, Being, and Apricot Cocktails” (es decir, “Libertad, Ser, y cocktails de albaricoque”). La mayoría mantienen, además, una apariencia semejante: fondo blanco con tres o cuatro representantes del existencialismo sentados en una mesa de un café. Sin embargo, toda esta apariencia, muy acorde con el contenido del libro, se va al garete en la edición española de Ariel donde el blanco se convierte en rojo y amarillo (curiosa elección), la tipografía y apariencia parecen más propias de una novela de Marcial Lafuente Estefanía y, lo que es más sangrante, desaparecen los cocktails de albaricoque, la Libertad y el Ser, y se convierten en “Sexo, café y cigarrillos o cuando filosofar era provocador”. No se sabe si se está ante un libro sobre el existencialismo (muy representado por los tres conceptos del subtítulo original) o ante un texto sobre el rock de los 80.  Se está recurriendo al reclamo fácil de sexo y tabaco (como si fuera una novela de Bukowski), y relegando de la portada a dos de los términos más importantes de la filosofía existencialista: Libertad y Ser. El café, el sexo y el tabaco estaban presentes en la vida de los existencialistas (y de otras muchas personas) pero remarcar eso es como si en un libro que hablara del peripatetismo se pusiera de subtítulo “Caminar en túnica”. 

Supongo que todos estos cambios (elección cromática, tipográfica y semántica) llevan detrás una intención comercial pero convierten a la portada de este magnífico ensayo literario y filosófico en un volumen muy poco atractivo y de intenciones erradas. Jamás, y lo hubiera lamentado profundamente, me hubiera atraído la edición española, muy alejada de la realidad del libro. Leedlo de todas formas (a ser posible en original). No os defraudará (espero que la traducción no lo haga, pero ahí no me meto

Nada crece a la luz de la luna – Torborg Nedreaas 

En una dinámica grupal de un curso de idiomas en Berlín allá por 2008, me preguntaron qué era aquello sin lo que no podría vivir. Me sorprendí cuando lo primero que se me vino a la cabeza fue “sin la belleza”. Me costó incluso verbalizarlo en alemán sin trastabillarme demasiado, pero era lo que sentía. Y lo que siento. Todos se quedaron un poco extrañados, mirándome con cara de “ojo el rarito este”, pero cuando lo argumenté (como buenamente pude), tuvieron que concederme, al menos, parte de razón.El razonamiento está, precisamente, en este libro. La belleza emerge del fango más profundo en el que nos podamos hallar hundidos y nos permite creer en la salvación. Torborg Nedreaas lo expresa a través de su personaje principal de la siguiente forma: “¿Te has fijado en la belleza que hay en la vida? No se puede tocar ni sentir. No se puede agarrar ni retener. Pero uno puede absorber un poco y experimentarla mientras pasa a tu lado escabulléndose. Tal vez así conserva un poco.” 

“Nada crece a la luz de la luna” no es un libro apacible, ni acogedor, ni relajado. No es un libro en el que recogerte y disfrutar. Es un libro árido, oscuro, de imágenes que quisiéramos ver opacadas y de sentimientos crudos esputados sin remilgos. Y sin embargo es extremadamente bello y reconfortantemente combativo. 

Parte de una circunstancia aleatoria (hombre se fija en una desconocida en el andén de una estación de tren) para hilar una trama no muy original (alumna se enamora de profesor y todo lo que ello conlleva) presentada de una forma muy poco frecuente (la desconocida cuenta la historia de su vida a un desconocido, como si quisiera psicoanalizarse, mientras beben y fuman como si no hubiera mañana – que parece ser que es lo que pretenden). 

Este es un libro doloroso, que hasta en los momentos más bellos te hace sufrir: “Ocurre cuando te sientes tan fuerte que puedes contemplar las hogueras de San Juan y alegrarte al ver que los demás están bailando.” Ese “los demás” es la representación de la soledad absoluta. De la miseria del alma. De la debacle del espíritu. La condena más absoluta de una persona que no anhela otra cosa que la felicidad; la belleza. Esa belleza que la protagonista es incapaz de encontrar fácilmente a su alrededor en una sociedad asediada por la pobreza, por el trabajo precario de las minas, por la miseria que provoca esa precariedad y que crea círculos viciosos como explica el personaje Morck en un alegato filocomunista: “cuanto más pobres son las masas, más barata resulta la mano de obra y más fuerte se vuelve el capital”. 

Nedreaas se vale de una historia de amor y de desamor cruel y, hasta cierto punto, manida (al menos hoy en día), para ir lanzando venablos directamente a la conciencia del lector y acabar por convertir el relato casi en un ensayo sobre la bazofia que hiede en la sociedad. El aborto, la desigual lucha de clases, el machismo, la violencia de género, la humillación y represión colectiva en las zonas rurales o el oprobio sobrevenido van agrediendo la sensibilidad del lector según van siendo mostrados en la historia de la protagonista.

“Nada crece a la luz de la luna” es una novela necesaria porque despertará las conciencias de muchos individuos, aunque sea a base de dañarles en lo más profundo de su ser, y porque, y este es un motivo más prosaico, demuestra que antes, mucho antes, de que aparecieran los nórdicos Mankell, Larsson, Läckberg o Nesbo y plagaran todo de detectives peculiares y crímenes hipermisteriosos, existía una literatura nórdica, noruega en este caso, que, a pesar de ser desconocida para muchos lectores, generaba algunos de los textos más completos, complejos y exquisitos de la literatura contemporánea europea. 

Fantasma – Laura Lee Bahr 

La literatura de terror siempre me ha llamado la atención porque la considero uno de los géneros más complicados de recrear por medio de las palabras. Visualmente puede llegar a ser bastante sencillo provocar miedo recurriendo a ciertos lugares comunes bien puestos en escena, pero lograr que el lector se sitúe en uno de ellos con una prosa absorbente es harto complicado. Me declaro un admirador absoluto de Edgar Allan Poe porque nadie como él ha sido capaz de crear esos ambientes literarios que acongojen al lector. Siempre recordaré la angustia con la que leía Berenice. Desde entonces busco algún libro que me consiga aterrar. “Fantasma” de Laura Lee Bahr no lo ha conseguido. Sin embargo es una novela que tiene mucho que ofrecer si la encasillamos en otros géneros. En la reseña que se hace en la página del editor en español (Orciny Press) se mencionan, además, los géneros “noir” y “bizarro”. Esta novela habría que etiquetarla simplemente con esos dos términos. También mencionan “humor”. Este también omitámoslo. 

“Fantasma” tiene como punto fuerte una prosa directa y dura, expresada con crudeza y sin remilgos (siempre se agradecen los textos que se alejan de lo melifluo y lo pomposo), y una inquietante trama anárquica con saltos temporales y dimensionales en los que en muy pocos momentos sería uno capaz de completar una línea de tiempo adecuadamente. Si bien estas bifurcaciones se presentan al estilo de “elige tu propia aventura” esto no termina de ser tan claro en el fluir de los capítulos consiguiendo que el lector dedique una atención extra no solo a comprender la trama sino, además, a configurarla. 

Laura Lee Bahr nos presenta una thriller original que parte de elementos habituales (muerte, bañera, oficina, secretaria, cantante, Los Ángeles, periodista – ¿cuántas novelas de género negro habremos visto configuradas sobre estos cimientos?) y con ayuda de lo que yo interpreto como un McGuffin de manual (no diré cual para no condicionar al ignoto futuro lector) nos entrelaza una historia de sexo, drogas, alcohol, pasiones desenfrenadas y suciedad, mucha suciedad, aderezada con un fantasma que crea un ambiente especial.

Si bien es cierto que las expectativas tras los primeros capítulos son altas, muy altas incluso, sin llegar a desinflarse del todo (como ocurre con otras novelas con tramas originales como en mi caso sucedió con Sorry de Zoran Drvenkar), la historia va perdiendo fuelle por momentos una vez pasada la sorpresa inicial. 

No obstante, y a pesar de los vaivenes, esta novela es un golpe (en todos los sentidos) de originalidad que se disfruta y se sufre a partes iguales. 

Poesía amorosa – Rilke (Ediciones Hiperión)

Cuando me embarco en la lectura de un nuevo libro, suelo saltarme cualquier tipo de introducción escrita por autores que no sean el propio escritor del libro porque suelen incurrir en excesivas referencias al propio texto, normalmente destripándolo. Además, te ofrecen una visión subjetiva (la propia del escritor de la introducción), tanto del texto como del autor, que suele condicionar la lectura y me gusta enfrentarme lo más ignorante posible al texto (intento no leer ni la contraportada).Sin embargo, en el caso que me ocupa, ignoré esta regla y, por supuesto, fue un craso error. Dado que se trataba de una antología poética, y que el prólogo estaba escrito por el propio compilador de la antología y traductor de los poemas, quise ver si me ofrecía una explicación de cómo había realizado la compilación y la traducción.

El libro en cuestión es “Poesía amorosa” con textos de Rainer Maria Rilke en la edición bilingüe de Hiperión y traducción y selección de Federico Bermúdez-Cañete.    

Entiendo esta antología, y así la quiere presentar el compilador (“Con esta antología se pretende ofrecer a los hispanohablantes del siglo veintiuno un punto de partida para nuevas y diversas “lecturas” de la poesía de Rilke”), como una oportunidad para conocer a este autor y su poesía. Si esto está presentado de tal forma, el prólogo, que nos guía hacia la lectura comprensiva de la compilación, debería estar escrito de una forma suficientemente asequible para ese público. Sin embargo, nos encontramos con un texto más propio de conferencias sesudas sobre la metafísica Rilkeana. Y digo Rilkeana aunque el compilador y prologador utiliza durante toda su disertación el término “rilkiano” que desde un primer momento me chirrió. Consulté sobre este aspecto a la Real Academia de la Lengua y esto fue lo que contestó: “puesto que la base nominal termina en -e (Rilke), el adjetivo relacional conserva dicha vocal. Por consiguiente, le recomendamos la formación rilkeano que, además, cuenta con abundante documentación” y terminan refiriéndome a este enlace http://aplica.rae.es/grweb/cgi-bin/v.cgi?i=QMWfBwXOkBKqhgKO . Pudiera parecer un tema nimio, pero visto en el conjunto de las circunstancias del texto y unido al intento intelectualoide de ciertas digresiones termina por convertirse en un lastre.

Por otra parte, el autor abusa de términos que pueden resultar puntualmente útiles para desambiguar como es el uso de “poetológico” cuando perfectamente, y resultaría más correcto, se podría usar “poético”. Insisto, y lo uno con lo de “rilkiano”, parece más una necesidad de sembrar el texto de palabras rimbombantes o disonantes que de explicar de forma clara una realidad. Estos ostentosos términos se usan de forma simultánea a otros propios del lenguaje vulgar, como es el uso de sicoanálisis (sí, sin la ps-).

No obstante, cierto grado de erudición desbocada podría soportarse y asumirse si estuviera, al menos, correctamente escrita y editada. Cuando el uso de comillas, letras en cursiva, cursivas con comillas e, incluso, comas se vuelve aleatorio, el lector empieza a centrarse más en intentar comprender cómo le están mostrando la idea (qué regla rige esa aparente aleatoriedad) que en el contenido de la propia idea. Imaginemos que obviamos las reglas establecidas sobre citación de obras o uso de palabras en otro idioma. Al menos debería poderse observar cierta homogeneidad en la que el lector supiera que si se le presenta un nombre en cursiva es que se está haciendo referencia al título de una obra. No es el caso. Los títulos se presentan a veces en cursiva, a veces en cursiva traducido, a veces sin ningún tipo de marca. A veces, incluso, están rodeados de tantas comillas absurdas e innecesarias en palabras comunes que se pierde por completo cualquier intento de atención. Mientras leía este prólogo me imaginaba al autor escribiéndolo y haciendo continuamente el insufrible gesto con los dedos de “comillas”. 

Quiero recalcar que el libro que tenía entre las manos es una quinta edición. Se entiende que, por lo tanto, ha sufrido un proceso de revisión extensa y que las erratas están más que corregidas. No parece que esto haya sido así pues a más de todo lo anterior nos encontramos con faltas de ortografía tales como ausencia de tildes (“y una escultura de Miguel Angel” ). 

Mi error, insisto, fue leer el prólogo, pues me llevó a comenzar de una forma muy crítica y mentalmente poco predispuesta los textos de Rilke que, vuelvo a recalcar, están presentados tanto en castellano como en alemán.

No quiero incidir en la traducción en sí pues esto ya es un tema propio de cada traductor y la traducción poética no es asunto fácil si quieres conjugar métrica, rima y significado, pero si en el prólogo te vanaglorias del trabajo realizado, no son admisibles, desde mi humilde punto de vista de conocedor del alemán, modificaciones como estas:

Ejemplo 1:

Alemán: “und ohne Füsse kann ich zu dir gehn” 

Castellano: “y aun sin pies pudo andar para alcanzarte” 

¿De dónde sale ese “aun”?

Ejemplo 2:

Alemán: “in einem blonden Wald von jungen Haaren”

Castellano: “en un rubio bosquete de pelo juvenil”

¿Qué necesidad hay de incurrir este absurdo diminutivo o en esta modificación de Wald a Boskett?
Podrían citarse muchos más ejemplos, pero no sería más que dar vueltas sobre el mismo asunto.

Sé que con esta crítica estoy pisando temas un tanto resbaladizos y cargados de bastante subjetividad (traducciones y ediciones), pero como lector me siento realmente defraudado cuando un texto se me presenta de esta forma tan lamentable y más aún cuando aquello que debería acercarme al texto, como es un prólogo, me aleja de él hasta el punto de casi tener que dejar de leerlo. No soy amigo de la crítica pura, pero llega un momento que la pomposidad, el incrementar páginas de un volumen con diatribas innecesarias, me hartan hasta el punto de tener que soltarlo. 

Pobre Rilke. Así no apetece leerlo.

American Phycho Trump (English version)

(Click aquí para version en español)

Some days ago I read that after the election of Donald Trump as President of the United States, George Orwell’s novel, 1984, has become a bestseller in USA and is listed among the top-sold books in Amazon. People reading Orwell is superb but the dystopia presented in 1984 is closer to last century totalitarianisms than to the current political and social situation. There are really lots of similarities, but to understand the future we should understand first the past, and undoubtedly we should start in the 90’s to face the economical, social, moral and even anthropological severity of Wall Street golden age. And to get a clear picture of that, the best option is American Psycho. This text is known by Christian Bale’s role in the homonymous film, but it is necessary to turn to the book to avoid the visual pomposity and focus only in the background of the story. 
(Spoiler alert! – sorry, I hate this but is really necessary)

I’m leaving apart the gore storyline, containing some extreme descriptions of insane and bloody abnormal sexual activities, and without deeply analyzing the character as a serial killer, I am going to focus on the yuppie gang, these high level executives sickly obsessed with money, fashion (not really just fashion but being fashionable), women (showpiece women) and sexual and gastronomical opulence. Their arrogance, their cruel greed, their scorn to all out of their social circle, their racism, their misogyny, their total stupidity become clear in each of their dialogues. 

The novel, first person narrated by the main character – Patrick Bateman -, is a never-ending dialogue about meals, clothing and descriptions of high social and economical value objects. The bunch of high level Wall Street executives being shown in the book live in a world disconnected to social reality around them: they enjoy humiliating beggars as they consider them scum (“I pass an ugly, homeless bum – a member of the genetic underclass -“), they consider women just as a visual (“there are no girls with good personalities”) and sexual delight (“The only reason chicks exist is to get us turned on”) and their unique social goal is to be seen in expensive restaurants and exclusive clubs where they arrive in big limos to pretend higher purchasing power. Their lives are a continuous comings and goings to and fro work, gym, restaurants, clubs and parties “bathed” in cocaine and tranquilizers.

Bateman, getting to the point, is a maniac of Donald Trump (“If […] it is okay with Donny, it’s okay with me”). Trump was on those days a businessman living between full success and bankrupt, promoter of presumptuous buildings, casinos, resorts and Miss Universe contest (with the correspondent polemical behaviors and comments). Trump is the idyllic image for Bateman: a pompous American businessman that flaunts a high economical and social level, egomaniac (just take a look to its buildings’ names – Trump Tower , Trump Place, Trump Shuttle – and enterprises – Trump Organization -), surrounded by beautiful people and dating pretty models and actresses.

The racist, supremacist, imperialist and economically cruel politics Trump pretends to develop as President of the USA are the result of that rotten society that ended up in a stock-market excessive power where Wall Street was GOD and that turned into the biggest economical crisis ever seen.

Read American Psycho. Suffer with this cruel, disgustingly realistic, visually uncomfortable and spiritually heartbreaking tale. And check out where we come from.

That dust began this mud.

American Psycho Trump (Versión en español)

(For English version click here)

Hace poco leía que desde que Donald Trump es Presidente de los Estados Unidos la venta de la novela 1984 de George Orwell se había disparado convirtiéndose en un superventas en Estados Unidos y era uno de los libros más vendidos en Amazon España. Sin que ello deje de ser una buena noticia – que la gente lea a Orwell me refiero – la distopía que presenta esta novela está más cerca de los totalitarismos del siglo pasado que de la situación social y política actual. Sí es cierto que hay muchos aspectos que podrían considerarse como similares, pero para hacernos una idea de dónde vamos debemos tener muy presente de dónde venimos y remontarnos, al menos, a los años 90 para enfrentarnos a la crudeza económica, social, moral e, incluso, antropológica, que representó la época dorada de Wall Street. Y para ello no hay mejor texto que American Psycho. Seguramente este texto sea más conocido por el papel de Christian Bale en la película homónima del año 2000 que por el texto original de Bret Easton Ellis de 1991, pero es necesario recurrir a él para evadir toda la ampulosidad visual y centrarnos en el trasfondo de la novela. 

En esta ocasión sí que me voy a tener que a recurrir a destripar – y nunca mejor dicho – la trama (Spoiler alert!) porque me es absolutamente necesario para poder establecer ciertos paralelismos. 

Quiero dejar a un lado la parte más gore de la novela, aquella que se centra en descripciones extremas de dementes y sangrientas actitudes parafílicas, y, sin llegar a entrar en el análisis psicológico del personaje como asesino en serie, centrarme en la caterva (sí, los voy a definir así muy a su pesar) de yuppies noventeros obsesionados, hasta la demencia, con el dinero, la moda (más que la moda, la sensación de ir a la moda), las mujeres (como otro objeto de adquisición más) y la opulencia gastronómica y sexual. Su arrogancia, su despiadada avaricia y prepotencia, el desprecio de cualquiera que no esté dentro de su círculo, el racismo, la misoginia, la estupidez supina de estos personajes queda patente en cada diálogo entre sus personajes. 

La novela, narrada en primera persona por el protagonista – Patrick Bateman – , es un sinfín de diálogos vacíos centrados en comidas, vestimentas ajenas y propias y descripciones de objetos de supuesto poder económico y social. La recua de ejecutivos “agresivos” de Wall Street que presenta el libro viven en un mundo ajeno a cualquier realidad social que no sea la suya: disfrutan vejando a los mendigos a los que consideran escoria (“I pass an ugly, homeless bum – a member of the genetic underclass -“), consideran a las mujeres como simples objetos de deleite visual (“there are no girls with good personalities“) y sexual (“The only reason chicks exist is to get us turned on“) y tienen como fin social ser vistos comiendo en restaurantes caros y clubs exclusivos a los que llegan en limusinas para aparentar mayor poder adquisitivo. Su vida transcurre entre el trabajo, los gimnasios, los restaurantes, los clubs y las fiestas, todo ello aderezado con cocaína y tranquilizantes. 

El protagonista es, y aquí es dónde quería llegar, admirador a ultranza de Donald Trump (“If […] is okay with Donny, it’s okay with me“) que por aquel entonces era un empresario que vivía entre el éxito absoluto y la bancarrota, promotor de presuntuosas construcciones inmobiliarias, de casinos, hoteles y de Miss Universo (con toda la polémica que ha generado por sus actitudes y comentarios). Trump es el espejo en el que Bateman se quiere mirar cada mañana, un ampuloso empresario estadounidense que hace ostentación de poder adquisitivo y social, de corte ególatra (solo hay que ver como se llaman sus edificios – Trump Tower, Trump Place, Trump Shuttle – y sus empresas – Trump Organization – ) que se rodea de gente “guapa” y que tiene por mujeres a atractivas modelos y actrices. 

Las políticas que pretende desarrollar Trump como Presidente de Estados Unidos de corte racista, supremacista, imperialista, orientadas a una economía agresiva son la resulta de aquella sociedad putrefacta que degeneró en un poder desmesurado de la economía bursátil donde Wall Street era el dios absoluto y que, posteriormente, desencadenó una crisis mundial sin precedentes cercanos. 

Leed American Psycho. Sufrid con este relato crudo, asquerosamente realista, visualmente desagradable y espiritualmente desolador. Y ved de donde venimos. 

De aquellos barros, estos lodos.