En tu vientre – José Luis Peixoto

El referente cultural de España, por lo general, es Europa, pero considerando ésta aquel territorio que hay más allá de los Pirineos. Muchos españoles se olvidan que al oeste existe un país mucho más rico en muchos aspectos y, en concreto, en el cultural, de lo que muchos obtusos se piensan. Portugal, afortunadamente, no es solo la tierra de Ronaldo (sería muy pobre un país que se tuviera que aferrar a esto) o la de aquellos que disputaron la conquista del mundo a la otrora imperial España, como arguyen con orgullo absurdo muchos “patriófagos” (aquellos que de tanto amar a su patria la terminarán engullendo). Portugal tampoco es la tierra de las tiendas donde se compran las mejores toallas que no secan ni donde vamos a comer bacalao (qué rancio está sonando todo esto – debería venir ilustrado por los “ranciofacts” del gran Pedro Vera). Queda claro que Portugal, como es obvio, es mucho más que todo eso.En el terrero literario se puede llegar a conseguir que cualquier español (y voy a intentar ser benevolente con esto porque creo que la realidad es más triste si cabe) nombre a dos o tres autores franceses (saldrían Dumas, Sartre o Victor Hugo), británicos (Shakespeare o Dickens), alemanes (Goethe, Nietzsche) o incluso rusos (Dostoievsky, Tolstoi). En serio, jugad a ello, y comprobaréis que lamentablemente la repuestas no varían mucho de lo aquí dicho y los nombres femeninos serán dejados para una mayor introspección, olvidándose se citar grandes autoras como Beauvoir, Shelley, Arendt o Nemirovsky). Pero, a lo que iba, si preguntamos por autores portugueses conseguiremos, como mucho, que se nombre a Saramago (y demos gracias que no recurran al Sara Mago aguirrelesco o a mentar a Coelho como portugués) pero se será incapaz de situar a Camões, Queirós, Garret, De Castro, Castelo Branco, Pessoa o algunos más actuales como Antunes o el autor del que voy a comentar su texto “En tu vientre”, José Luis Peixoto.

Uno de los hechos más conocidos del folclore portugués quizás sea la aparición mariana a tres niños pastores en Cova de Iria y la supuesta revelación de los llamados misterios de Fátima. Peixoto parte de la circunstancia excepcional de que la pequeña niña Lúcia llegue un día a su casa diciendo que se ha visto a la virgen María lo que genera una serie de acontecimiento que destruyen la rutina y equilibrio de la familia de Lúcia y convierten la encina donde la niña tenía esas visiones en un lugar de peregrinaje en masa en cuestión de semanas. ¿Y ya?¿Esto es todo lo que tiene “En tu vientre” de Peixoto?¿Se limita a contarnos algo que es mayoritariamente sabido? No, en absoluto. Este original texto de Peixoto simplemente se vale de este hecho para componer una alegato a favor de la madre (no tanto de la maternidad). Su texto se compone de tres relatos diferenciados con una intención clara en cada uno de ellos. La historia de Lúcia sirve de hilo conductor que se interrumpe por unos salmos en los que se nos desvelan ciertas enseñanzas más espirituales que religiosas y por el propio subconsciente del autor a través del cual la voz de su madre interrumpe su propio relato glosándolo y afeándole los desplantes y desatinos de su vida que parece querer expiar por medio de la escritura.

La historia de las visiones de Lúcia se nos presenta como una desgracia para su familia. Las miserias rutinarias largamente sobrellevadas a fuerza de la costumbre padecidas por su familia son incrementadas por el revuelo que causa en las beatas mentes rurales de la época (principios del s.XX) este advenimiento virginal. Las pobres familias de la zona se aferran a este hecho como un camino de salida a su situación, los enfermos y sus familias creen que pueden ser sanados y los ociosos y pobres de espíritu ven en este hecho un caldo donde remojar su necesidad de ocupación. Todos acuden en masa no ya solo al lugar de la aparición sino en busca de Lúcia y sus primos para intentar satisfacer sus deseos y necesidades. Con ello, interrumpen la vida de la familia de Lucía, invaden su casa, les atormentan, les atosigan, les acosan, destruyen sus campos y su cosecha sin miramientos y convierten los fértiles campos de labranza en barrizales donde esperar nuevas apariciones. Todo esto lo sufrimos, sobre todo, a través de la madre de Lúcia que intenta que esta se retracte de su relato y niegue las visiones ya que no pueden ser sino obra del demonio. La atmósfera creada en el relato de este revuelo rural supura por cada letra del texto beatitudes enfermizas, deseos destructores y pasiones ciegas, y miseria, mucha miseria y mucho dolor (muy parecido por momentos al que sentimos en “Los santos inocentes” de Delibes). Las glosas intercaladas como paréntesis en el texto plasmando la voz de la madre del autor hace aumentar estos sentimientos vitales. Los reproches que le/se hace y las memorias que relata son un ejercicio de introspección a un alma atormentada por actos involuntariamente dañinos. No podemos ser el reflejo que debemos en nuestras madres, no porque no queramos, sino porque la vida nos va alejando de ese camino que se consideraría recto y esperado para nosotros. ¿Puede lograse la expiación? Quizás los salmos ficticios sean la respuesta. Nos aportan un sentimiento ligeramente lisérgico que intenta abstraernos de la dureza del relato e iluminarnos por momentos el camino (como farolas mal colocadas que dejan puntos oscuros en nuestro trayecto nocturno). Crean esperanza pero ya sabemos que la esperanza suele venir acompañada de dolor.

Peixoto, en poco más de cien páginas, nos recrea un mundo donde el dolor es motor vital y las madres las que absorben ese dolor para hacernos más llevadera la penitencia de la vida.

“En estos términos declaro que te creé para que me creases […] Soy tu madre, soy el universo”.

Imagen obtenida de EBiblio

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Una feria a pie de parque

No dejemos que se lleven la Feria del Libro de Madrid del Retiro. El parque del Retiro aporta a la Feria del Libro de Madrid tanto como los propios libros.

Días antes de leer este artículo en el otrora progresista diario El País, exactamente en el segundo día de la feria, publicaba en Instagram esta foto con el siguiente texto: “Una de las estampas primaverales más típicas y queridas de Madrid: la Feria del Libro con sus casetas, sus exposiciones de imágenes, la gente atestando el Retiro, los autobuses de donación de la Cruz Roja y, por supuesto, ¡los LIBROS!”

Y lo hacía porque la Feria del Libro de Madrid está estrechamente vinculada a esos elementos, y a muchos otros, y todos ellos están influenciados por el hecho de que se celebre en un parque. ¿Os imagináis ir a ver casetas atestadas de libros, iluminadas por luces fluorescentes, dentro de un recinto cerrado y teniendo que pagar una entrada? Es decir, ¿os imagináis que la Feria del Libro de Madrid se convirtiera en un Fitur del libro? (Sí, ya existe eso en Liber, pero Liber es otra cosa).

La Feria del Libro de Madrid está iluminada por el sol y uno pasea por ella acompañado por el calor preveraniego y, muchas veces (este año más), con la incertidumbre de si te va a caer una tormenta primaveral mientras están entre las casetas y vas a tener que salir corriendo hacia Menéndez Pelayo para refugiarte en alguno de sus bares o, en todo caso, salir paseando hacia Alfonso XII para subir a la zona de Huertas a picar algo un sábado a mediodía. La feria es sentarte en el césped de detrás de alguna de las casetas para tomarte un refresco con ese librero que conoces o con el colega que por fin ha conseguido publicar un libro y ese año está firmando. La feria es añoranza de nuestra infancia, cuando íbamos acompañando a nuestros padres y nos compraban un helado, muchas veces el primero de la temporada porque ya hacía tiempo para ello. Es ese sitio donde los niños pueden ver los libros no como objetos comprados en una tienda sino como un elemento de algo mucho más fascinante, haciendo que ese libro que llevan ahora entre las manos sea algo aún más especial. La feria es sentarte, con tus bolsas con la publicidad de Bankia/Caja Madrid por un lado y por el otro el cartel anual de turno de la feria, en las escaleras del estanque del Retiro a releer la dedicatoria de tu autor favorito o a empezar las primeras hojas del libro recién comprado.

La Feria del Libro de Madrid no es afortunadamente sólo el libro, para eso tenemos todo el año las librerías de la ciudad, sino todo lo que rodea a la feria y todo ello enmarcado en el parque.

No voy a pecar de naíf ignorando que el fin último de un librero/editor (¿por qué tienen que estar representados con caseta los distribuidores?) es vender su mercancía y cuanto más espacio dispongan para ello y en las mejores condiciones posibles lo hagan mucho mejor para su economía, pero no por ello se debe renunciar a todo lo demás que lo rodea. Las más de 300 casetas (363 este año si no me equivoco) que componen la feria más los espacios multifuncionales deberían estar suficientemente aprovechados para que todos los que deseen mostrar su mercancía y propuestas puedan hacerlo de forma igualitaria (sin macrocasetas para las grades superficies o editoriales masivas). Para las actividades que no quepan en el propio recinto o que por su naturaleza no puedan desarrollarse ahí, Madrid ofrece cerca de esa zona suficientes espacios para que se puedan llevar a cabo (¿os imagináis celebrar algún acto tan multitudinario que se pudiera hacer en el cercano Palacio de los Deportes?)

Nuestras grises ciudades económicas y pragmáticas necesitan tener los libros en la calle y que estos sean protagonistas del paisaje cultural urbano. Es el momento de que estén lo más presentes posible en nuestra vida diaria y con actividades como la Feria de Libro en otoño del año pasado en la Plaza Mayor se consigue aún más. No quitemos el momento más popular y querido de Madrid de comunión con el libro. No lo arranquemos del espíritu que le proporciona el Retiro. No nos carguemos la Feria del Libro de Madrid.

Libros en movimiento / Books in motion (16/05/2018 – 31/05/2018)

  • Calendar girl – Audrey Carlan
  • Magnus Chase and the gods of Asgard – Rick Riordan
  • Le grand Coeur – Jean-Christophe Rufin
  • De la especulación al derecho a la vivienda – Raquel Rodríguez / Mario Espinoza
  • Claymore 27 – Norihiro Yagi
  • Rastros de sándalo – Anna Soler-Pont / Asha Miró
  • Le cercle – Bernard Minier
  • Las ardillas de Central Park están tristes los lunes – Katherine Pancol
  • La hermana de la novia – Susan Mallery
  • La mort a ses raisons – Sophie Hannah
  • Mauricio o las elecciones primarias – Eduardo Mendoza
  • Iacobus – Matilde Asensi
  • La joueur d’echecs – Stefan Zweig
  • El hipnotista – Lars Kepler
  • Conjura en Madrid – José Calvo Poyato
  • This time it’s personal – Alan Battersby
  • Vision in white – Nora Roberts
  • Populismos – Fernando Vallespín / Máriam Martínez-Bascuñán
  • Llámame por tu nombre – André Aciman
  • Tiempos oscuros – John Connolly
  • El día que el cielo se caiga – Megan Maxwell
  • Un mundo común – Marina Garcés
  • El umbral de la eternidad – Ken Follett
  • Fuego persa – Tom Holland
  • El templo de Istar (Leyendas de la Dragonlance vol.I) – Margaret Weis and Tracy Hickman
  • Redentores -Enrique Krauze
  • Rayuela – Julio Cortázar
  • American Gods – Neil Gayman
  • Doce hombres comunes y corrientes – John F. MacArthur
  • El asedio – Arturo Pérez-Reverte
  • El collar de la paloma – Ibn Hazm de Córdoba
  • La sonrisa etrusca – José Luis Sampedro
  • El hombre duplicado – José Saramago
  • El código da Vinci – Dan Brown
  • Homo Deus – Yuval Noah Harari
  • La estela de un recuerdo – Almudena de Arteaga
  • El reparto de África – Roberto Ceamanos
  • The element – Ken Robinson
  • Medio siglo de arte. Últimas tendencias. 1955 – 2005 – Javier Maderuelo
  • Horizons West – Jim Kitses
  • Imprimatur – Rita Monaldi / Francesco Sorti
  • El club Dumas – Arturo Pérez-Reverte
  • El antiedipo – Gilles Deleuze / Félix Guattari

“Libros en movimiento” no tiene más pretensión que dejar constancia de aquellos libros que veo en mi deambular diario. Es, simplemente, lo que logro ver que la gente lee. No hay ninguna intención comercial o publicitaria. En vuestras manos está decidir si alguno de ellos merece ser parte de vuestra vida.

“Books in Motion” has no pretension but listing those books I see in my daily wander. It is just what I am able to see from people’s readings. There is no comercial or advertising intention. It is up to you to decide if any of those books should be part of your lives.

Libros en movimiento / Books in motion (01/05/2018 – 15/05/2018)

  • Cometas en el cielo – Khaled Hosseini
  • El desajuste del mundo – Amin Maalouf
  • A Brief story of seven killings – Marlon James
  • La llama – Arturo Barea
  • 4 3 2 1 – Paul Auster
  • Artifex. Segunda época 9 – VV.AA.
  • La sombra del padre – Jan Dobraczynski
  • Introducción a la teoría de la verdad – Miguel García Baró
  • The house of sleep – Jonathan Coe
  • At home – Bill Bryson
  • Morder la manzana – Leticia Dolera
  • La verdad sobre el caso Savolta – Eduardo Mendoza
  • El novela de mi vida – Leonardo Padura
  • Why we sleep – Matthew Walker
  • Los herederos de la tierra – Ildefonso Falcones
  • House of cards – Michael Dobbs
  • Las legiones malditas – Santiago Posteguillo
  • La hija del artillero – Fermín Gongeta
  • Cartas desde Dubai – Asunta López
  • El regreso del Catón – Matilde Asensi
  • 1984 – George Orwell
  • The girl with the dragon tattoo – Stieg Larsson
  • Morir no es lo que más duele – Inés Plana
  • Tales of two Americas – VV.AA.
  • La mujer loca – Juan José Millas
  • Imperiofobia y leyenda negra – María Elvira Roca Barea

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Libros en movimiento / Books un motion (16/04/2018 – 30/04/2018l

  • Lucy Sullivan se casa – Marian Keyes
  • La bailarina de Auschwitz – Edith Eger
  • Memorias de Idhún I: La Resistencia – Laura Gallego García
  • Tools of titans – Tim Ferriss
  • Los ritos del agua – Eva García Sáenz de Urturi
  • Saber perder – David Trueba
  • Crimen y castigo – Fiodor Dostoievski
  • Wonder. La lección de August – R.J. Palacio
  • Invisible Monsters Remix – Chuck Palahniuk
  • Pastoral americana – Philip Roth
  • La ciudad de los prodigios – Eduardo Mendoza
  • Teatro reunido – Eduardo Mendoza
  • El conde de Montecristo – Alexandre Dumas
  • Un lugar a donde ir – María Oruña
  • Shotaro – María Giulia Cotini
  • Estambul. Ciudad y recuerdos – Orhan Pamuk
  • Cucarachas – Jo Nesbo
  • Elvis. La destrucción del hombre – Peter Guralnick
  • Patria – Fernando Aramburu
  • Mi isla – Elisabet Benavent
  • El líder que no tenía cargo – Robin Sharma
  • Novela de ajedrez – Stefan Zweig
  • Mensajeros de la oscuridad – Alicia Giménez Bartlett
  • El día que se perdió el amor – Javier Castillo
  • La búsqueda del tesoro – Andrea Camilleri
  • El juego del ángel – Carlos Ruiz Zafón
  • Hanta yo. Las raíces de los indios – Ruth Beebe Hill
  • El ángel perdido – Javier Sierra
  • Riña de gatos – Eduardo Mendoza
  • La última pintura de Sara de Vos – Dominic Smith
  • Oliver Twist – Charles Dickens
  • Misión olvido – María Dueñas
  • Recursos infrahumanos – Pierre Lemaitre
  • Berta isla – Javier Marías
  • Un mundo feliz – Aldous Huxley
  • Incendios – Waidi Mouawad
  • El domador de leones – Camila Läckberg
  • Alguien que no soy – Elisabet Benavent
  • George: simplemente sé tú mismo – Alex Gino
  • La caída de los gigantes – Ken Follett
  • Bunbury experimental – Juanjo Ordás
  • La conjura de los necios – John Kennedy Toole
  • La conspiración – Dan Brown
  • Todo lo que ganamos cuando lo perdimos todo – Eduardo Verdú
  • The curious incident of the dog in the night-time – Mark Haddon

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Libros en movimiento / Books in motion (01/04/2018 – 15/04/2018)

  • Este domingo – José Donoso
  • ‎Del tener al ser – Erich Fromm
  • ‎Pálida luz en las colinas – Kazuo Ishiguro
  • ‎Lo que encontré bajo el sofá – Eloy Moreno
  • ‎Para llegar al otro lado – Vladimir Lorchenkov
  • ‎Un mundo sin fin – Ken Follett
  • ‎El fuego invisible – Javier Sierra
  • ‎Ofrenda a la tormenta – Dolores Redondo
  • ‎El castillo de los destinos cruzados – Italo Calvino
  • ‎Tierra de campos – David Trueba
  • ‎El código del samurái – Daidoji Yuzan
  • ‎El problema de los tres cuerpos – Liu Cixin
  • ‎Diario de Guantánamo – Mohamedou Ould Slahi
  • ‎Walden – Henry David Thoreau
  • ‎Pequeña historia de España – Manuel Fernández Álvarez
  • ‎Llamadme Alejandra – Espido Freire
  • ‎Las grandes conquistas árabes – Hugh Kennedy
  • ‎Cinco cerditos – Agatha Christie
  • ‎Patria – Fernando Aramburu
  • ‎Solenoide – Mircea Cartarescu
  • ‎El cerrajero del rey – María José Rubio
  • ‎Morder la manzana – Leticia Dolera
  • ‎No me cuentes como termina la historia – Carlos Carranza
  • ‎La catedral del mar – Ildefonso Falcones
  • ‎Subjetivité et vérité – Michel Foucault
  • ‎El lenguaje de las ciudades – Deyan Sudjic
  • Misión olvido – María Dueñas
  • César o nada – Pío Baroja
  • Samurái – Hisako Matsubara
  • Un burka por amor – Reyes Monforte
  • Everything that remains – The Minimalists
  • El plan infinito – Isabel Allende

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El mundo de Sofía – Jostein Gaarder

Tenía dieciséis años y mi profesora de filosofía, Auxiliadora – nunca un nombre fue tan adecuado para una profesión -, entre debates, en los que hacía que los estudiantes investigásemos sobre temas polémicos y discutiésemos (en el buen sentido de la palabra) a dos bandas intentando defender una posición que podría no coincidir con la personal, y clases teóricas sobre el método filosófico, nos propuso leer un libro de filosofía. Dio a elegir entre “La rebelión de las masas” de Ortega y Gasset o “El mundo de Sofía” de Gaarder. La mayoría optaron por la historia de la niña Sofía, que además de tener un formato, en principio, más atractivo para un adolescente que las masas orteguianas (novela frente a ensayo), venía avalada por cierta fama generalista fuera del mundo académico. Dicho en lenguaje estudiantil, la decisión era entre un tocho de filosofía a pelo o una novelilla juvenil. Estaba clara la elección, ¿no? Pues yo elegí el tocho, ni tanto, de Ortega y agradezco infinitamente esa decisión a mi yo quinceañero porque desde entonces el concepto de “masa” y de repulsión hacia las mismas hizo que mi carácter se desarrollara de una forma seguramente distinta a lo que podría haber sido. Sin embargo, me quedó la espinita clavada de qué tendrá el mundo de Sofía para haber convertido al libro donde se relata en un best seller imperecedero. Esa espinita me la arranqué este invierno cuando mi pareja encontró el volumen que había leído ella en su momento en el instituto. Entonces agradecí de nuevo a mi yo adolescente haber elegido a Ortega. ¿Qué diantres tiene esta novela juvenil tan magnífico para haberla convertido en una novela que incluso profesores, como mi Auxiliadora, hayan optado por incluirla en el currículum literario de sus alumnos?
Este libro, publicado en España por Siruela – editorial que ha creado toda una biblioteca Gaarder a partir del bombazo de esta novela-, se vende como una “novela sobre la historia de la filosofía” (primer error, ya que asume que toda la filosofía es “occidental” pues es de ella de la que habla), pero no es sino un curso de filosofía bastante flojo, inexacto y pesado encastrado en una trama absurda “justificando” ciertos desmanes en que finalmente, ¡oh sorpresa!, todo es una historia que le cuenta un padre a una hija a través de un escrito, y claro, eso ya es excusa suficiente para permitirse tener todas las inexactitudes y licencias habidas y por haber, tanto en desarrollo en sí como en base teórica.
De primeras, lo que más me chocó es el hecho de que la trama principal fuera la de un anciano filósofo que acosa a una menor por medio de cartas anónimas, citándola en el bosque en horario lectivo y haciéndola mentir a su madre por sus encuentros secretos, llamándola a acudir a una iglesia de madrugada y reteniéndola ahí durante ocho horas o dándole a beber brebajes que la hacen alucinar. Este es el mismo señor que inserta en mitad del curso de filosofía que le manda una sentencia en la que, nombrándola, le señala, para explicarle el orden de las cosas, que “Sofía Admunsen ordena su habitación […] La ropa se dobla ordenadamente y mete en el armario, las braguitas en un estante, los jerseys en otro, …”. ¿En serio el primer ejemplo que se le ocurre son las braguitas de una adolescente? Quizás esto resulte chocante leyéndolo sin ser un adolescente o haciéndolo en 2018 en vez de en 1991 cuando se publicó la novela, pero personalmente me produce cierta desazón toda esta historia.
Dejando a un lado este aspecto sórdido del que, lamentablemente, hay más ejemplos, el libro, quizás cayendo en esa desubstanciación que se crea en ciertos libros juveniles por el hecho, precisamente, de ser juveniles, está plagado de inexactitudes históricas y filosóficas y de una simplicidad lingüística un poco sonrojante. Empezaré por esto último. Recuerdo que una profesora del mi colegio, cuando nos hacía ponernos en pie y explicar algo al resto de la clase nos regañaba cuando empezábamos la exposición con un “es (como) cuando”. Nos recriminaba recurrir a la simplificación del lenguaje que es suficientemente rico y variado para crear oraciones complejas sin utilizar siempre a los mismos grupos de palabras. Esto se lo podría haber explicado también al autor del texto que usa y abusa de esta forma de explicar ciertos términos. Además utiliza los diálogos entre Sofía y su profesor/acosador filósofo de una forma burda haciendo que la niña dé la réplica a su interlocutor en función de lo que él necesita para proseguir con la explicación, pasando de dar una respuesta propia de una niña de 8 años a, en la siguiente frase, ser tan erudita como un académico de la lengua. Sofía pasa de no saber qué es la fuerza de inercia a hacer una glosa sobre las indulgencias y Lutero. O en una frase interpela al profesor filósofo con un “Qué postulado más odioso” para, tan solo unas páginas más adelante preguntar qué es un postulado. Ejemplos como estos abundan en el texto, así como frases exclamativas del tipo “¡Explícate!”,”¡Entiendo!”, “¡Ejemplos!” que chilla Sofía al profesor mientras este sigue con la chapa sin hacerle demasiado caso. ¿Le está enseñando a pensar sin enseñarle a dialogar?
En cuanto a lo que indicaba en relación a las inexactitudes históricas y filosóficas es fácil dar algunos ejemplos. Mientras que en el libro se pasa de puntillas por Séneca se dedican páginas y páginas a la religión cristiana en su aspecto más teológico y menos filosófico haciéndola parecer una filosofía pura en sí (de hecho, leo en prensa que el propio Gaarder considera a Jesucristo uno de los tres filósofos más importantes de la historia). Se indica de forma sorpresiva que el nazismo, si no hubiera sido por Hitler, podría haber sido una demagogia. Se menciona, y poco más, el epicureísmo sin tener la decencia de hablar, aunque fuera de soslayo, de Herculano. Dice que todas las lenguas europeas excepto el lapón, finés, estoniano (sic), húngaro y vascuence son de origen indoeuropeo, es decir, obvia el turco (lengua altáica), o las lenguas caucásicas. Indica que el misticismo oriental está compuesto por el hinduismo, budismo y religión china (sic) sin explicar que es eso que él define como “religión china” (¿religión tradicional china, confucianismo, taoísmo?,quién sabe). Explica el término “sincretismo” asimilando a una mezcla de religiones sin desarrollar que no solo es un mix de religiones sino también de ideas y fruto de asimilaciones. Indica que “hoy en día las palabras “cínico” y “cinismo” se utilizan en el sentido de falta de sensibilidad ante el sufrimiento de los demás” creando un nuevo sentido para este ya vituperado término. Exhibe un pseudofeminismo durante el texto haciendo que Sofía se queje de que el profesor, solo le habla de hombres filósofos, pero cuando de repente llega a la gran Simone de Beauvoir, ésta aparece como la pareja “filósofa existencialista” de Sartre que “intentó emplear el existencialismo también en los papeles sexuales” y, puff, vuelve a desaparecer la Beauvoir. O llama a la mística alemana Hildegard de Bingen como de Eibingen. No sé si este último, u otros errores, son problema del traductor, del editor o del propio autor pero no creo que son coadyuvantes de confundir a los adolescentes a los que va dirigido este texto. Como estos, muchos otros ejemplos, aunque realmente da un poco igual porque de repente se nos cruza absurdamente Caperucita Roja por el camino mirando al monstruo del Lago Ness y, claro, perdemos el hilo de la cuestión filosófica.
No creo que los adolescentes deban ser tratados con condescendencia, suavizándoles ciertas materias e ideas para hacerles más fácil su aprendizaje, ni que deban ser infravaloradas sus aptitudes. No creo en obras adaptadas para escolares (como esa que sacó la RAE creada por Pérez-Reverte en la que, como ellos mismos dicen, podan el Quijote para convertirlo en “una eficaz herramienta docente, y también en un texto de fácil acceso para toda clase de lectores”). En lo que sí creo es en obras comentadas que ayuden a una interpretación de ciertos aspectos complicados de los textos de los que no se tenga cierta experiencia previa (como hace por ejemplo la editorial Austral en las ediciones de algunas obras clásicas).
Podría estar de acuerdo en que este tipo de obras de divulgación “light” camufladas de novelas pueden ayudar en cierta medida a servir como una somera introducción a la filosofía pero, ¿no lo serían mejor las propias obras de los filósofos más importantes que en ella se citan? ¿Dónde está el problema de leer, apoyando con los medios didácticos que sean oportunos o necesarios, , “La República o el Estado” de Platón, “Así habló Zarathustra” de Nietzsche o “La náusea” de Sartre?
Por cierto, esta última obra mencionada de Sartre, junto con “La peste” de Camus, otro gran existencialista, fue la obra que me sirvió de comienzo para convertirme en el ávido lector y amante de la filosofía que soy ahora. Fue gracias a dos de esos considerados tochos y no a obras cribadas, edulcoradas o tamizadas. La mente es moldeable. Démosla buenos alimentos y ella sabrá procesarlos.