Paseos por Berlín – Franz Hessel

En muchas ocasiones echo en falta libros que no basen toda la intención de su trama en la necesidad de motivar al lector a base de giros y situaciones intrincadas. Echo en falta la prosa bella sin mayor intención que narrar, que contar algo por el mero hecho de contárselo al lector. Y eso es precisamente lo que ofrece Franz Hessel en este relato. El autor se dispone a coger al lector de la mano y llevarlo de paseo por Berlín, mientras le va narrando lo que ve, lo que siente, lo que vive. Sin artificios, sin añagazas.

Franz Hessel se enfunda en su traje de flâneur y vaga por las calles de Berlín sin un propósito aparentemente fijo, mientras se deleita por aquello que el paseante común no es capaz de ver, y mucho menos de sentir. Hessel vive las calles, las plazas, sus gentes. Descubre a cada paso detalles de un Berlín de los años veinte del s.XX que, si ya de por sí resultaba maravilloso (y lo sigue resultando), bajo los ojos de Hessel se convierte en un catálogo de maravillosas peculiaridades deliciosamente caóticas.

Si su coetáneo Erich Kästner en la magnífica novela «Fabian» nos describió de una forma directa la sociedad de los años 20 y 30 en Berlín y cómo se asimilaban los cambios históricos que se estaban produciendo, se podría decir que, sin llegar a obviar ese contexto, que no lo hace, Hessel se centra en el entorno berlinés donde se producían, ayudándonos a imbuirnos en ese ambiente singular.

«Paseos por Berlín» llega a resultar por momentos, y es quizás una de sus mayores virtudes, una guía visual y social del Berlín de entreguerras, del comienzo de su modernización. Cualquier viajero, que no turista, actual, puede optar por coger este texto y usarlo, además, como una peculiar guía de viaje. De hecho la estructura del libro propicia este aspecto. Se pueden usar sus peculiares y calculadamente erráticas rutas para descubrir otro Berlín alejado de las guías de viaje y check-points turísticos y entender de dónde procede aquello que se está observando y cómo ha ido evolucionando. De hecho, estas rutas son tan amplias que, como si de una espiral se tratasen, llegan a abarcar las afueras de Berlín, igual de cautivadoras, si se sabe donde mirar, y Hessel lo indica, que los más fastuosos monumentos.

Pero, sin obviar este aspecto visual, y creo que es la mayor cualidad de esta obra, «Paseos por Berlín» permite la libertad de no tener que optar por pretensión alguna a la hora de leerlo, ni siquiera la de descubrir el propio Berlín. Permite deleitarse con la simple y llana lectura de un prosa ligera, calculada, descriptiva y cautivadora. Una prosa difícil de encontrar. Una prosa sin trampa. Transparente. Deliciosa.

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