Mejor la ausencia – Edurne Portela

En la sociedad tecnológica en la que vivimos hemos, en cierta medida, normalizado la violencia, tornándola aséptica, al vernos rodeados de ella de una forma ajena en la mayoría de las ocasiones. Películas gore, vídeos de palizas estudiantiles que recibimos por whatsapp como si fueran chistes de Jaimito, noticias en la televisión y periódicos donde se jactan hasta el vómito de mostrar atrocidades de la forma más amarillista posible. Sin embargo, pocas veces encontramos un relato en el que la violencia se muestre tan cruda y directa y nos duela tanto como en “Mejor la ausencia” de Edurne Portela. Quizá, tan sólo, ciertos relatos de Knockemstiff de Donald Ray Pollock se acerquen a esa distancia del dolor personal.

“Una mañana muy temprano de tus sueños despertarás. No lo sabrás, ese es tu día, vas a morir”. En algún momento Amaia, la indiscutible protagonista de “Mejor la ausencia”, tuvo que escuchar esta estrofa de la letra de la “Historia triste” de Eskorbuto cuando escarbaba en los discos de su hermano mayor. Palizas, drogas, maltratos psicológicos, violaciones, formaron parte de su vida desde pequeña. Un golpe dado con más fuerza por parte de su padre, una pastilla de más combinada con una demasiado larga serie de kalimotxos o una bala perdida y encontrada podría confirmar esa letra cualquier día.

Los años 80 no fueron una época especialmente tranquila. Y en la húmeda y gris margen del Nervión , con un padre violento implicado activa y consecutivamente en ambos bandos de la lucha de y contra ETA, una madre alcoholizada, un hermano mayor metido en la heroína hasta consumirse y morir, otro hermano ausente y el último demasiado presente, Amaia no lo tuvo fácil. Sólo llegaba a sentirse relativamente tranquila cuando cedía a las imposiciones morales de esa violencia y veraneaba bajo el paraguas de su padre maltratador. Sucumbir al dolor para soportar el dolor.

Edurne Portela personifica en su Amaia, sometiéndola a un ambiente de violencia excesivo y cotidiano, la complicada y radical situación que se vivió en el País Vasco ochentero. La rabia ante la nada, la coyuntura política y social y el nihilismo adolescente creaban un clima en el que la violencia funcionaba como válvula de escape y de poder.

La prosa contundente y recia que usa Portela en el texto nos hace sufrir más de la cuenta según va padeciendo Amaia, y nos zambulle en ese oscuro ambiente de su vida sin juzgarla, sin valorar sus decisiones, simplemente acatándolas y sometiéndonos a ellas. Las palabras sencillas de Amaia, que nos cuenta en primera persona lo que observa desde su inocencia, nos duelen tanto como a ella los golpes y nos desconcierta como a ella su incomprensión ante la aleatoriedad y continuidad de los mismos. ¿Cuántas veces hubiera el lector querido coger de la pechera al desgraciado de su padre y tirarle al Nervión? Demasiadas. ¿Le podemos llegar a entender? No, jamás. No podemos convertirle en la víctima coyuntural que intenta ser. Portela no nos deja ese resquicio ni un sólo momento. Afortunadamente el final del texto nos ofrece un alivio, en parte desasosegante, a esa violencia reactiva que nos imponemos.

Puede llegarnos a sorprender lo que no es más que un hecho consumado y que en este caso se comprueba fehacientemente y es que precisamente tendemos a reaccionar a la violencia con violencia, contra los otros o contra nosotros mismos, como hace Amaia durante su vida, y la distancia parece ser finalmente la única solución. La ausencia. Propia y ajena.

No hay en “Mejor la ausencia” soluciones fáciles, juicios inequívocos ni valoraciones subjetivas. Hay dureza, verdad y sinceridad. Y se agradece. Las palabras que no nos toman por gilipollas serán siempre bienvenidas.

Anuncios

¿Por qué he apoyado la iniciativa #LeoAutorasOct ?

Durante el mes de octubre desde Librocinio me he unido a la iniciativa #LeoAutorasOct porque creo firmemente que la literatura escrita por mujeres ha sido histórica y sistemáticamente infravalorada y vilipendiada y ello ha desembocado en que en la actualidad se lean menos libros escritos por mujeres que por hombres.

La simple observación basta para corroborar esta última afirmación. En Librocinio, desde febrero de 2016, llevo listando, en lo que he denominado “Libros en movimiento”, todos los libros que veo leyendo a la gente a diario. Aquí se pueden consultar los listados quincenales desde entonces hasta hoy. Esta observación se realiza sin ningún tipo de sesgo, simplemente libro que veo leer, libro que apunto. Da lo mismo si ese libro se va leyendo en el metro, en un parque, paseando por la calle o en una cafetería o si se trata de libros infantiles, novelas, ensayos, libros de divulgación científica o incluso libros de los denominados de “autoayuda” (si es que eso significa algo). Desde el 1 de febrero de 2016 hasta el 31 de diciembre de 2016 anoté unos 650 libros. De esos tan sólo un 30% habían sido escritos por mujeres. En 2017, desde enero hasta octubre, los aproximadamente 725 libros anotados muestran un resultado similar. No tengo datos de cuántos libros se publican al año escritos por mujeres y cuantos por hombres, ni datos históricos de publicaciones. Tan sólo puedo juzgar lo que he visto. Y lo que he visto es preocupante.

No creo que haya menos escritoras, ni que la calidad de lo que escriben sea menor y quiero resistirme a pensar que se les publique menos (si es que esto es así) por el simple hecho de ser mujeres. Históricamente sí creo que se les ha publicado menos y han sido tomados menos en cuenta sus textos. Me explico.

Yo empecé a leer literatura “adulta” gracias a la colección de Seix Barral de “Obras maestras de la literatura contemporánea” . La Peste y La Náusea fueron de los primeros títulos. Luego vinieron Trópico de Cancer, La familia de Pascual Duarte, La muerte en Venecia, Los santos inocentes, El espía que surgió del frío. Haciendo memoria tan sólo me vienen a la mente títulos de autores masculinos. ¿Por qué será eso? Pues quizás sea porque esa colección no incluía hasta el número 28 a una autora. En este caso se trata de Simone de Beauvoir con La mujer rota. Este libro ha sido precisamente el último que me he leído en este octubre dentro de #LeoAutorasOct . Y precisamente en esa colección. En el resto de la colección la cosa no mejora. No dispongo del listado completo pero entre los 50 primeros libros creo que Beauvoir es la única autora. Algo realmente lamentable.

Esto en cuanto a publicación. Si nos fijamos en el reconocimiento y tomamos los premios Nobel como una referencia (que cada vez creo que se puede menos), vemos que tan sólo un 12% de los galardonados con el Nobel de Literatura han sido mujeres.

Si algo no se visibiliza es como si no existiese. Quizás si no se ha querido visibilizar la literatura de autoras ha sido porque muchos de sus textos ponen patas arriba el sistema androcentrista y capitalista, propugnando ideas feministas, fuertemente cargadas de ideales sociales e igualitarios, y ya sabemos que ese tipo de ideas han molestado y molestan a los “hombres de bien”.

No dejemos que nos impongan un tipo de literatura con un tipo de ideas. La literatura escrita por mujeres es y ha sido una gran fuente de ideales necesarios. Leámosla y recomendémosla no sólo en octubre.

Por mi parte, os comparto aquí los libros que he leído este #LeoAutorasOct :

– The handmaid’s tale (Margaret Atwood)

– We have always lived in the castle (Shirley Jackson)

– Buenos días, tristeza (Fraçoise Sagan)

– La mujer rota (Simone de Beauvoir)