American Phycho Trump (English version)

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Some days ago I read that after the election of Donald Trump as President of the United States, George Orwell’s novel, 1984, has become a bestseller in USA and is listed among the top-sold books in Amazon. People reading Orwell is superb but the dystopia presented in 1984 is closer to last century totalitarianisms than to the current political and social situation. There are really lots of similarities, but to understand the future we should understand first the past, and undoubtedly we should start in the 90’s to face the economical, social, moral and even anthropological severity of Wall Street golden age. And to get a clear picture of that, the best option is American Psycho. This text is known by Christian Bale’s role in the homonymous film, but it is necessary to turn to the book to avoid the visual pomposity and focus only in the background of the story. 
(Spoiler alert! – sorry, I hate this but is really necessary)

I’m leaving apart the gore storyline, containing some extreme descriptions of insane and bloody abnormal sexual activities, and without deeply analyzing the character as a serial killer, I am going to focus on the yuppie gang, these high level executives sickly obsessed with money, fashion (not really just fashion but being fashionable), women (showpiece women) and sexual and gastronomical opulence. Their arrogance, their cruel greed, their scorn to all out of their social circle, their racism, their misogyny, their total stupidity become clear in each of their dialogues. 

The novel, first person narrated by the main character – Patrick Bateman -, is a never-ending dialogue about meals, clothing and descriptions of high social and economical value objects. The bunch of high level Wall Street executives being shown in the book live in a world disconnected to social reality around them: they enjoy humiliating beggars as they consider them scum (“I pass an ugly, homeless bum – a member of the genetic underclass -“), they consider women just as a visual (“there are no girls with good personalities”) and sexual delight (“The only reason chicks exist is to get us turned on”) and their unique social goal is to be seen in expensive restaurants and exclusive clubs where they arrive in big limos to pretend higher purchasing power. Their lives are a continuous comings and goings to and fro work, gym, restaurants, clubs and parties “bathed” in cocaine and tranquilizers.

Bateman, getting to the point, is a maniac of Donald Trump (“If […] it is okay with Donny, it’s okay with me”). Trump was on those days a businessman living between full success and bankrupt, promoter of presumptuous buildings, casinos, resorts and Miss Universe contest (with the correspondent polemical behaviors and comments). Trump is the idyllic image for Bateman: a pompous American businessman that flaunts a high economical and social level, egomaniac (just take a look to its buildings’ names – Trump Tower , Trump Place, Trump Shuttle – and enterprises – Trump Organization -), surrounded by beautiful people and dating pretty models and actresses.

The racist, supremacist, imperialist and economically cruel politics Trump pretends to develop as President of the USA are the result of that rotten society that ended up in a stock-market excessive power where Wall Street was GOD and that turned into the biggest economical crisis ever seen.

Read American Psycho. Suffer with this cruel, disgustingly realistic, visually uncomfortable and spiritually heartbreaking tale. And check out where we come from.

That dust began this mud.

American Psycho Trump (Versión en español)

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Hace poco leía que desde que Donald Trump es Presidente de los Estados Unidos la venta de la novela 1984 de George Orwell se había disparado convirtiéndose en un superventas en Estados Unidos y era uno de los libros más vendidos en Amazon España. Sin que ello deje de ser una buena noticia – que la gente lea a Orwell me refiero – la distopía que presenta esta novela está más cerca de los totalitarismos del siglo pasado que de la situación social y política actual. Sí es cierto que hay muchos aspectos que podrían considerarse como similares, pero para hacernos una idea de dónde vamos debemos tener muy presente de dónde venimos y remontarnos, al menos, a los años 90 para enfrentarnos a la crudeza económica, social, moral e, incluso, antropológica, que representó la época dorada de Wall Street. Y para ello no hay mejor texto que American Psycho. Seguramente este texto sea más conocido por el papel de Christian Bale en la película homónima del año 2000 que por el texto original de Bret Easton Ellis de 1991, pero es necesario recurrir a él para evadir toda la ampulosidad visual y centrarnos en el trasfondo de la novela. 

En esta ocasión sí que me voy a tener que a recurrir a destripar – y nunca mejor dicho – la trama (Spoiler alert!) porque me es absolutamente necesario para poder establecer ciertos paralelismos. 

Quiero dejar a un lado la parte más gore de la novela, aquella que se centra en descripciones extremas de dementes y sangrientas actitudes parafílicas, y, sin llegar a entrar en el análisis psicológico del personaje como asesino en serie, centrarme en la caterva (sí, los voy a definir así muy a su pesar) de yuppies noventeros obsesionados, hasta la demencia, con el dinero, la moda (más que la moda, la sensación de ir a la moda), las mujeres (como otro objeto de adquisición más) y la opulencia gastronómica y sexual. Su arrogancia, su despiadada avaricia y prepotencia, el desprecio de cualquiera que no esté dentro de su círculo, el racismo, la misoginia, la estupidez supina de estos personajes queda patente en cada diálogo entre sus personajes. 

La novela, narrada en primera persona por el protagonista – Patrick Bateman – , es un sinfín de diálogos vacíos centrados en comidas, vestimentas ajenas y propias y descripciones de objetos de supuesto poder económico y social. La recua de ejecutivos “agresivos” de Wall Street que presenta el libro viven en un mundo ajeno a cualquier realidad social que no sea la suya: disfrutan vejando a los mendigos a los que consideran escoria (“I pass an ugly, homeless bum – a member of the genetic underclass -“), consideran a las mujeres como simples objetos de deleite visual (“there are no girls with good personalities“) y sexual (“The only reason chicks exist is to get us turned on“) y tienen como fin social ser vistos comiendo en restaurantes caros y clubs exclusivos a los que llegan en limusinas para aparentar mayor poder adquisitivo. Su vida transcurre entre el trabajo, los gimnasios, los restaurantes, los clubs y las fiestas, todo ello aderezado con cocaína y tranquilizantes. 

El protagonista es, y aquí es dónde quería llegar, admirador a ultranza de Donald Trump (“If […] is okay with Donny, it’s okay with me“) que por aquel entonces era un empresario que vivía entre el éxito absoluto y la bancarrota, promotor de presuntuosas construcciones inmobiliarias, de casinos, hoteles y de Miss Universo (con toda la polémica que ha generado por sus actitudes y comentarios). Trump es el espejo en el que Bateman se quiere mirar cada mañana, un ampuloso empresario estadounidense que hace ostentación de poder adquisitivo y social, de corte ególatra (solo hay que ver como se llaman sus edificios – Trump Tower, Trump Place, Trump Shuttle – y sus empresas – Trump Organization – ) que se rodea de gente “guapa” y que tiene por mujeres a atractivas modelos y actrices. 

Las políticas que pretende desarrollar Trump como Presidente de Estados Unidos de corte racista, supremacista, imperialista, orientadas a una economía agresiva son la resulta de aquella sociedad putrefacta que degeneró en un poder desmesurado de la economía bursátil donde Wall Street era el dios absoluto y que, posteriormente, desencadenó una crisis mundial sin precedentes cercanos. 

Leed American Psycho. Sufrid con este relato crudo, asquerosamente realista, visualmente desagradable y espiritualmente desolador. Y ved de donde venimos. 

De aquellos barros, estos lodos.