El absurdo veto de Javier Marías a Gloria Fuertes

En su artículo de hoy en El País, Juan Cruz se equivoca en los motivos por los que se está criticando el último de una larga serie de desatinos (“Javier Marías contra el mundo” debería llamarse su columna) de Javier Marías. Y se equivoca porque no se le critica, al menos yo no lo hago, por no gustarle Gloria Fuertes. Los gustos son muy personales. E incluso existe el mal gusto. Y aunque de un académico de la Real Academia de la Lengua (si es que eso todavía significa algo) se pueda esperar más que ese artículo, se le critica por mezclar conceptos que no tienen nada que ver entre sí, como patriarcado y valía literaria, y por intentar imponer un listado de autoras que se pueden leer frente a otras que se deberían condenar al ostracismo según su criterio como ínclito académico e “ilustre” literato. Resulta especialmente dañina y peligrosa la sentencia con la que acaba el artículo: “Lean, por caridad, a las (autoras) que he enumerado antes: con ellas, yo creo, no hay temor a la decepción.” ¿Qué autoridad moral cree tener para denostar a las escritoras que no están en su lista? ¿Por qué habría que temer una decepción leyendo a otras autoras diferentes a las que él detalla? Cada uno ha de leer lo que le dé la gana, sea bueno o malo para este señor. En eso consiste la belleza y la magia de la lectura, en que cada uno, en cada momento vital, va a interpretar, sentir, vivir y gozar un texto literario de una forma distinta.

De lo se lea se aprenderá y se descubrirán nuevos mundos. Muchos de ellos, afortunadamente, antagónicos a Marías. No hay que dejarse acorralar en un determinado tipo y calidad de lecturas. Precisamente por querer guiar a las personas a lecturas únicas y “apropiadas” se ha denostado durante años a escritoras maravillosas y originales como Gloria Fuertes. Y eso es inadmisible. 

Porque, además, reducir toda la obra de un autor, y más del calado de Gloria Fuertes, cuya trayectoria discurrió tanto por el complejo mundo de la literatura infantil y juvenil como por la poesía adulta, es un ejercicio de simplismo descarado. Uno puede llegar a odiar profundamente a un autor y de repente encontrarte con un texto suyo maravilloso. 

Si siguiésemos, que no lo haremos obviamente, los consejos de Javier Marías nos perderíamos, precisamente, esos libros maravillosos. Es lo que le ha debido de pasar al otro ilustre académico gruñón, Arturo Pérez Reverte, que se jacta de no haber leído jamás a Gloria Fuertes. Ahora se entienden muchas cosas.

Galicia – Julio Camba

Galicia es esa tierra de curas rechonchos con sotana negra hasta los pies, bufanda al cuello y boina calada. De señoras con pañuelos negros en la cabeza y delantal, que sentadas a la puerta de su casa, sobre un banco de piedra, te escrutan al pasar preguntándose de quién serás familia (e ti, ¿de quén ves sendo?). De niños jugando con bicis en arcenes de nacionales peligrosas y comiendo moras de zarzas del camino. De marineros separados de sus mujeres durante semanas. De recogedoras de navajas en amplias playas de pueblos pesqueros. De lonjas con redes a medio remendar. De cerdos sueltos buscando qué comer y huyendo de su San Martín. De gallinas ponedoras de huevos con yemas profundamente naranjas. De vacas en los caminos que hacen de cortafuegos de los múltiples incendios veraniegos. De construcciones absurdas, levantadas con dinero indiano y con permiso de concejales afines, que se cargan la estética antigua de pueblos singulares. De hermosos hórreos herrumbrosos. De pétreos cruceiros de encrucijada. De la Santa Compaña, de meigas y del Lobishome

Galicia es esa tierra singular coloreada con el verde de sus bosques, el negro de sus incendios y el azul helado de sus rías. Es esa tierra que huele a pan de bola y añoranza. Que emigra. Que reza rosarios en eternas novenas y cabos de año. Que vive entre el corral, el puerto, los bares, los fogones y la eira. Todo aquello donde no se acumulen estos típicos lugares comunes no es Galicia. No al menos mi Galicia. Ni, por supuesto, la que describe Camba.

Leer este compendio de artículos de Camba sobre Galicia es darse de bruces con esta Galicia. 

La editorial Fórcola ha reunido, con muy buen criterio, un compendio de artículos de Julio Camba desde 1905 hasta 1942 en los que perfectamente se observa el cambio de registro literario e idelógico que Camba “sufre” durante estos años, pasando por periódicos de ideologías opuestas y de varios registros diferentes (ABC, El Sol, El País, El Mundo,…). Podemos discutir en mayor o menos medida la visión de Camba, su posicionamiento respecto a ciertos hechos que describe o, incluso, y lo discuto, su negación a la evolución académica de la lengua gallega más allá del mundo puramente bucólico, rural y pragmático. Pero desde luego, lo que no se puede discutir es su Galicia.

Los que hemos vivido parte de nuestra infancia en los pueblos gallegos, vamos a vernos transportados a esa tierra que la morriña no permite abandonar nunca y que Camba describe física, psíquica y políticamente tan bien.

Los que no hayan vivido Galicia en toda su dimensión, van a poder intentar entender la idiosincracia gallega, además de poder comprender una parte de la historia política de principios del s.XX.

En cualquier caso, este libro, perfectamente editado, es un disfrute en muchos sentidos. Uno de esos libros imprescindibles para cualquier apasionado de Galicia y de la literatura (incluso la periodística, tan denostada últimamente).