Una feria a pie de parque

No dejemos que se lleven la Feria del Libro de Madrid del Retiro. El parque del Retiro aporta a la Feria del Libro de Madrid tanto como los propios libros.

Días antes de leer este artículo en el otrora progresista diario El País, exactamente en el segundo día de la feria, publicaba en Instagram esta foto con el siguiente texto: “Una de las estampas primaverales más típicas y queridas de Madrid: la Feria del Libro con sus casetas, sus exposiciones de imágenes, la gente atestando el Retiro, los autobuses de donación de la Cruz Roja y, por supuesto, ¡los LIBROS!”

Y lo hacía porque la Feria del Libro de Madrid está estrechamente vinculada a esos elementos, y a muchos otros, y todos ellos están influenciados por el hecho de que se celebre en un parque. ¿Os imagináis ir a ver casetas atestadas de libros, iluminadas por luces fluorescentes, dentro de un recinto cerrado y teniendo que pagar una entrada? Es decir, ¿os imagináis que la Feria del Libro de Madrid se convirtiera en un Fitur del libro? (Sí, ya existe eso en Liber, pero Liber es otra cosa).

La Feria del Libro de Madrid está iluminada por el sol y uno pasea por ella acompañado por el calor preveraniego y, muchas veces (este año más), con la incertidumbre de si te va a caer una tormenta primaveral mientras están entre las casetas y vas a tener que salir corriendo hacia Menéndez Pelayo para refugiarte en alguno de sus bares o, en todo caso, salir paseando hacia Alfonso XII para subir a la zona de Huertas a picar algo un sábado a mediodía. La feria es sentarte en el césped de detrás de alguna de las casetas para tomarte un refresco con ese librero que conoces o con el colega que por fin ha conseguido publicar un libro y ese año está firmando. La feria es añoranza de nuestra infancia, cuando íbamos acompañando a nuestros padres y nos compraban un helado, muchas veces el primero de la temporada porque ya hacía tiempo para ello. Es ese sitio donde los niños pueden ver los libros no como objetos comprados en una tienda sino como un elemento de algo mucho más fascinante, haciendo que ese libro que llevan ahora entre las manos sea algo aún más especial. La feria es sentarte, con tus bolsas con la publicidad de Bankia/Caja Madrid por un lado y por el otro el cartel anual de turno de la feria, en las escaleras del estanque del Retiro a releer la dedicatoria de tu autor favorito o a empezar las primeras hojas del libro recién comprado.

La Feria del Libro de Madrid no es afortunadamente sólo el libro, para eso tenemos todo el año las librerías de la ciudad, sino todo lo que rodea a la feria y todo ello enmarcado en el parque.

No voy a pecar de naíf ignorando que el fin último de un librero/editor (¿por qué tienen que estar representados con caseta los distribuidores?) es vender su mercancía y cuanto más espacio dispongan para ello y en las mejores condiciones posibles lo hagan mucho mejor para su economía, pero no por ello se debe renunciar a todo lo demás que lo rodea. Las más de 300 casetas (363 este año si no me equivoco) que componen la feria más los espacios multifuncionales deberían estar suficientemente aprovechados para que todos los que deseen mostrar su mercancía y propuestas puedan hacerlo de forma igualitaria (sin macrocasetas para las grades superficies o editoriales masivas). Para las actividades que no quepan en el propio recinto o que por su naturaleza no puedan desarrollarse ahí, Madrid ofrece cerca de esa zona suficientes espacios para que se puedan llevar a cabo (¿os imagináis celebrar algún acto tan multitudinario que se pudiera hacer en el cercano Palacio de los Deportes?)

Nuestras grises ciudades económicas y pragmáticas necesitan tener los libros en la calle y que estos sean protagonistas del paisaje cultural urbano. Es el momento de que estén lo más presentes posible en nuestra vida diaria y con actividades como la Feria de Libro en otoño del año pasado en la Plaza Mayor se consigue aún más. No quitemos el momento más popular y querido de Madrid de comunión con el libro. No lo arranquemos del espíritu que le proporciona el Retiro. No nos carguemos la Feria del Libro de Madrid.