¿Por qué he apoyado la iniciativa #LeoAutorasOct ?

Durante el mes de octubre desde Librocinio me he unido a la iniciativa #LeoAutorasOct porque creo firmemente que la literatura escrita por mujeres ha sido histórica y sistemáticamente infravalorada y vilipendiada y ello ha desembocado en que en la actualidad se lean menos libros escritos por mujeres que por hombres.

La simple observación basta para corroborar esta última afirmación. En Librocinio, desde febrero de 2016, llevo listando, en lo que he denominado “Libros en movimiento”, todos los libros que veo leyendo a la gente a diario. Aquí se pueden consultar los listados quincenales desde entonces hasta hoy. Esta observación se realiza sin ningún tipo de sesgo, simplemente libro que veo leer, libro que apunto. Da lo mismo si ese libro se va leyendo en el metro, en un parque, paseando por la calle o en una cafetería o si se trata de libros infantiles, novelas, ensayos, libros de divulgación científica o incluso libros de los denominados de “autoayuda” (si es que eso significa algo). Desde el 1 de febrero de 2016 hasta el 31 de diciembre de 2016 anoté unos 650 libros. De esos tan sólo un 30% habían sido escritos por mujeres. En 2017, desde enero hasta octubre, los aproximadamente 725 libros anotados muestran un resultado similar. No tengo datos de cuántos libros se publican al año escritos por mujeres y cuantos por hombres, ni datos históricos de publicaciones. Tan sólo puedo juzgar lo que he visto. Y lo que he visto es preocupante.

No creo que haya menos escritoras, ni que la calidad de lo que escriben sea menor y quiero resistirme a pensar que se les publique menos (si es que esto es así) por el simple hecho de ser mujeres. Históricamente sí creo que se les ha publicado menos y han sido tomados menos en cuenta sus textos. Me explico.

Yo empecé a leer literatura “adulta” gracias a la colección de Seix Barral de “Obras maestras de la literatura contemporánea” . La Peste y La Náusea fueron de los primeros títulos. Luego vinieron Trópico de Cancer, La familia de Pascual Duarte, La muerte en Venecia, Los santos inocentes, El espía que surgió del frío. Haciendo memoria tan sólo me vienen a la mente títulos de autores masculinos. ¿Por qué será eso? Pues quizás sea porque esa colección no incluía hasta el número 28 a una autora. En este caso se trata de Simone de Beauvoir con La mujer rota. Este libro ha sido precisamente el último que me he leído en este octubre dentro de #LeoAutorasOct . Y precisamente en esa colección. En el resto de la colección la cosa no mejora. No dispongo del listado completo pero entre los 50 primeros libros creo que Beauvoir es la única autora. Algo realmente lamentable.

Esto en cuanto a publicación. Si nos fijamos en el reconocimiento y tomamos los premios Nobel como una referencia (que cada vez creo que se puede menos), vemos que tan sólo un 12% de los galardonados con el Nobel de Literatura han sido mujeres.

Si algo no se visibiliza es como si no existiese. Quizás si no se ha querido visibilizar la literatura de autoras ha sido porque muchos de sus textos ponen patas arriba el sistema androcentrista y capitalista, propugnando ideas feministas, fuertemente cargadas de ideales sociales e igualitarios, y ya sabemos que ese tipo de ideas han molestado y molestan a los “hombres de bien”.

No dejemos que nos impongan un tipo de literatura con un tipo de ideas. La literatura escrita por mujeres es y ha sido una gran fuente de ideales necesarios. Leámosla y recomendémosla no sólo en octubre.

Por mi parte, os comparto aquí los libros que he leído este #LeoAutorasOct :

– The handmaid’s tale (Margaret Atwood)

– We have always lived in the castle (Shirley Jackson)

– Buenos días, tristeza (Fraçoise Sagan)

– La mujer rota (Simone de Beauvoir)

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Nada crece a la luz de la luna – Torborg Nedreaas 

En una dinámica grupal de un curso de idiomas en Berlín allá por 2008, me preguntaron qué era aquello sin lo que no podría vivir. Me sorprendí cuando lo primero que se me vino a la cabeza fue “sin la belleza”. Me costó incluso verbalizarlo en alemán sin trastabillarme demasiado, pero era lo que sentía. Y lo que siento. Todos se quedaron un poco extrañados, mirándome con cara de “ojo el rarito este”, pero cuando lo argumenté (como buenamente pude), tuvieron que concederme, al menos, parte de razón.El razonamiento está, precisamente, en este libro. La belleza emerge del fango más profundo en el que nos podamos hallar hundidos y nos permite creer en la salvación. Torborg Nedreaas lo expresa a través de su personaje principal de la siguiente forma: “¿Te has fijado en la belleza que hay en la vida? No se puede tocar ni sentir. No se puede agarrar ni retener. Pero uno puede absorber un poco y experimentarla mientras pasa a tu lado escabulléndose. Tal vez así conserva un poco.” 

“Nada crece a la luz de la luna” no es un libro apacible, ni acogedor, ni relajado. No es un libro en el que recogerte y disfrutar. Es un libro árido, oscuro, de imágenes que quisiéramos ver opacadas y de sentimientos crudos esputados sin remilgos. Y sin embargo es extremadamente bello y reconfortantemente combativo. 

Parte de una circunstancia aleatoria (hombre se fija en una desconocida en el andén de una estación de tren) para hilar una trama no muy original (alumna se enamora de profesor y todo lo que ello conlleva) presentada de una forma muy poco frecuente (la desconocida cuenta la historia de su vida a un desconocido, como si quisiera psicoanalizarse, mientras beben y fuman como si no hubiera mañana – que parece ser que es lo que pretenden). 

Este es un libro doloroso, que hasta en los momentos más bellos te hace sufrir: “Ocurre cuando te sientes tan fuerte que puedes contemplar las hogueras de San Juan y alegrarte al ver que los demás están bailando.” Ese “los demás” es la representación de la soledad absoluta. De la miseria del alma. De la debacle del espíritu. La condena más absoluta de una persona que no anhela otra cosa que la felicidad; la belleza. Esa belleza que la protagonista es incapaz de encontrar fácilmente a su alrededor en una sociedad asediada por la pobreza, por el trabajo precario de las minas, por la miseria que provoca esa precariedad y que crea círculos viciosos como explica el personaje Morck en un alegato filocomunista: “cuanto más pobres son las masas, más barata resulta la mano de obra y más fuerte se vuelve el capital”. 

Nedreaas se vale de una historia de amor y de desamor cruel y, hasta cierto punto, manida (al menos hoy en día), para ir lanzando venablos directamente a la conciencia del lector y acabar por convertir el relato casi en un ensayo sobre la bazofia que hiede en la sociedad. El aborto, la desigual lucha de clases, el machismo, la violencia de género, la humillación y represión colectiva en las zonas rurales o el oprobio sobrevenido van agrediendo la sensibilidad del lector según van siendo mostrados en la historia de la protagonista.

“Nada crece a la luz de la luna” es una novela necesaria porque despertará las conciencias de muchos individuos, aunque sea a base de dañarles en lo más profundo de su ser, y porque, y este es un motivo más prosaico, demuestra que antes, mucho antes, de que aparecieran los nórdicos Mankell, Larsson, Läckberg o Nesbo y plagaran todo de detectives peculiares y crímenes hipermisteriosos, existía una literatura nórdica, noruega en este caso, que, a pesar de ser desconocida para muchos lectores, generaba algunos de los textos más completos, complejos y exquisitos de la literatura contemporánea europea. 

Americanah – Chimamanda Ngozi Adichie

Americanah, y por extensión, y en toda su dimensión, su autora, se me cruzó en forma de “Libro en Movimiento” e instintivamente supe que tenía que añadir este texto a mis libros pendientes. Tengo la sensación de que lo que más me llamó la atención en un primer momento fue el hecho del origen africano de la autora. Lamentablemente, la literatura africana no es muy frecuente entre los lectores españoles. De hecho, la estantería de un lector medio abarca poco más allá de literatura europea y estadounidense (con algunas notables excepciones como, por ejemplo, Murakami o Hosseini). Por ello, ver a aquella chica en el andén del metro leyendo un texto en inglés de una autora africana me resultó algo sumamente reconfortante y excepcional.

Con apariencia, a primera vista, de historia romántica sobre una relación truncada por la distancia, Americanah logra sobrepasar la barrera que para muchos puede suponer enfrentarse a un novela con esta temática y se descubre como un texto denuncia contra el racismo, el machismo y las fronteras culturales, temáticas que la escritora nigeriana Chimamanda domina a la perfección y que sabe exponerlas haciendo uso de una prosa rítmica y directa. 

“A book did not qualify as literature unless it had polysyllabic words and incomprenhensible passages“, escribe Chimamanda, en las primeras páginas de Americanah, como crítica a la consideración por parte de cierto reducto “intelectualoide” de que solo los textos escritos de forma ampulosa y “cultista” deben ser considerados verdadera literatura y, quizás, esa sentencia sea una declaración de intenciones en cuanto al desarrollo de su prosa.

Americanah es, y perdón por la metáfora burda y manida, un soplo de aire fresco, un reducto de originalidad dentro de tanto texto “intenso” y pretencioso. Es ese libro que apetece seguir leyendo no por el hecho de querer descubrir hasta dónde se desarrolla la trama, sino por el puro placer de avanzar entre sus líneas, de poder acompañar a Ifemelu, la protagonista, en su azaroso deambular entre Estados Unidos y Nigeria, en descubrir con ella la problemática a la que se enfrenta un inmigrante, en sufrir los desmanes que tiene que soportar y la pena que le provoca la distancia, en sentir el placer de los nuevos retos y los retornos, con sentimientos ambiguos, al antiguo y cambiado hogar. 

Leer a Chimamanda, y escucharla †, es darse de bruces con el absurdo del racismo (“Race matters because of racism”), el machismo y las desigualdades (“The problem is that there are many qualified people who are not where they are supposed to be because the won’t lick anybody’s ass”), con las penurias que miedos necios crean en unas relaciones que deberían ser de lo más naturales y con personajes que hacen de este mundo, con sus ideas arcaicas y egocéntricas, un lugar menos amistoso y humano. 

Leed Americanah *. Disfrutadlo. Asimiladlo. Veréis como en vuestro interior algo cambia. Quizás así todos nos volvamos un poquito más humanos.

https://youtu.be/hg3umXU_qWc

* Y no solo este libro. Y no solo a Chimamanda Ngozi Adichie. Leed literatura diferente, de otras culturas que os resulten ajenas. En ella hay un mundo desconocido y maravilloso que os hará mejores, en el más amplio sentido de la palabra.