American Psycho Trump (Versión en español)

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Hace poco leía que desde que Donald Trump es Presidente de los Estados Unidos la venta de la novela 1984 de George Orwell se había disparado convirtiéndose en un superventas en Estados Unidos y era uno de los libros más vendidos en Amazon España. Sin que ello deje de ser una buena noticia – que la gente lea a Orwell me refiero – la distopía que presenta esta novela está más cerca de los totalitarismos del siglo pasado que de la situación social y política actual. Sí es cierto que hay muchos aspectos que podrían considerarse como similares, pero para hacernos una idea de dónde vamos debemos tener muy presente de dónde venimos y remontarnos, al menos, a los años 90 para enfrentarnos a la crudeza económica, social, moral e, incluso, antropológica, que representó la época dorada de Wall Street. Y para ello no hay mejor texto que American Psycho. Seguramente este texto sea más conocido por el papel de Christian Bale en la película homónima del año 2000 que por el texto original de Bret Easton Ellis de 1991, pero es necesario recurrir a él para evadir toda la ampulosidad visual y centrarnos en el trasfondo de la novela. 

En esta ocasión sí que me voy a tener que a recurrir a destripar – y nunca mejor dicho – la trama (Spoiler alert!) porque me es absolutamente necesario para poder establecer ciertos paralelismos. 

Quiero dejar a un lado la parte más gore de la novela, aquella que se centra en descripciones extremas de dementes y sangrientas actitudes parafílicas, y, sin llegar a entrar en el análisis psicológico del personaje como asesino en serie, centrarme en la caterva (sí, los voy a definir así muy a su pesar) de yuppies noventeros obsesionados, hasta la demencia, con el dinero, la moda (más que la moda, la sensación de ir a la moda), las mujeres (como otro objeto de adquisición más) y la opulencia gastronómica y sexual. Su arrogancia, su despiadada avaricia y prepotencia, el desprecio de cualquiera que no esté dentro de su círculo, el racismo, la misoginia, la estupidez supina de estos personajes queda patente en cada diálogo entre sus personajes. 

La novela, narrada en primera persona por el protagonista – Patrick Bateman – , es un sinfín de diálogos vacíos centrados en comidas, vestimentas ajenas y propias y descripciones de objetos de supuesto poder económico y social. La recua de ejecutivos “agresivos” de Wall Street que presenta el libro viven en un mundo ajeno a cualquier realidad social que no sea la suya: disfrutan vejando a los mendigos a los que consideran escoria (“I pass an ugly, homeless bum – a member of the genetic underclass -“), consideran a las mujeres como simples objetos de deleite visual (“there are no girls with good personalities“) y sexual (“The only reason chicks exist is to get us turned on“) y tienen como fin social ser vistos comiendo en restaurantes caros y clubs exclusivos a los que llegan en limusinas para aparentar mayor poder adquisitivo. Su vida transcurre entre el trabajo, los gimnasios, los restaurantes, los clubs y las fiestas, todo ello aderezado con cocaína y tranquilizantes. 

El protagonista es, y aquí es dónde quería llegar, admirador a ultranza de Donald Trump (“If […] is okay with Donny, it’s okay with me“) que por aquel entonces era un empresario que vivía entre el éxito absoluto y la bancarrota, promotor de presuntuosas construcciones inmobiliarias, de casinos, hoteles y de Miss Universo (con toda la polémica que ha generado por sus actitudes y comentarios). Trump es el espejo en el que Bateman se quiere mirar cada mañana, un ampuloso empresario estadounidense que hace ostentación de poder adquisitivo y social, de corte ególatra (solo hay que ver como se llaman sus edificios – Trump Tower, Trump Place, Trump Shuttle – y sus empresas – Trump Organization – ) que se rodea de gente “guapa” y que tiene por mujeres a atractivas modelos y actrices. 

Las políticas que pretende desarrollar Trump como Presidente de Estados Unidos de corte racista, supremacista, imperialista, orientadas a una economía agresiva son la resulta de aquella sociedad putrefacta que degeneró en un poder desmesurado de la economía bursátil donde Wall Street era el dios absoluto y que, posteriormente, desencadenó una crisis mundial sin precedentes cercanos. 

Leed American Psycho. Sufrid con este relato crudo, asquerosamente realista, visualmente desagradable y espiritualmente desolador. Y ved de donde venimos. 

De aquellos barros, estos lodos.  

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Americanah – Chimamanda Ngozi Adichie

Americanah, y por extensión, y en toda su dimensión, su autora, se me cruzó en forma de “Libro en Movimiento” e instintivamente supe que tenía que añadir este texto a mis libros pendientes. Tengo la sensación de que lo que más me llamó la atención en un primer momento fue el hecho del origen africano de la autora. Lamentablemente, la literatura africana no es muy frecuente entre los lectores españoles. De hecho, la estantería de un lector medio abarca poco más allá de literatura europea y estadounidense (con algunas notables excepciones como, por ejemplo, Murakami o Hosseini). Por ello, ver a aquella chica en el andén del metro leyendo un texto en inglés de una autora africana me resultó algo sumamente reconfortante y excepcional.

Con apariencia, a primera vista, de historia romántica sobre una relación truncada por la distancia, Americanah logra sobrepasar la barrera que para muchos puede suponer enfrentarse a un novela con esta temática y se descubre como un texto denuncia contra el racismo, el machismo y las fronteras culturales, temáticas que la escritora nigeriana Chimamanda domina a la perfección y que sabe exponerlas haciendo uso de una prosa rítmica y directa. 

“A book did not qualify as literature unless it had polysyllabic words and incomprenhensible passages“, escribe Chimamanda, en las primeras páginas de Americanah, como crítica a la consideración por parte de cierto reducto “intelectualoide” de que solo los textos escritos de forma ampulosa y “cultista” deben ser considerados verdadera literatura y, quizás, esa sentencia sea una declaración de intenciones en cuanto al desarrollo de su prosa.

Americanah es, y perdón por la metáfora burda y manida, un soplo de aire fresco, un reducto de originalidad dentro de tanto texto “intenso” y pretencioso. Es ese libro que apetece seguir leyendo no por el hecho de querer descubrir hasta dónde se desarrolla la trama, sino por el puro placer de avanzar entre sus líneas, de poder acompañar a Ifemelu, la protagonista, en su azaroso deambular entre Estados Unidos y Nigeria, en descubrir con ella la problemática a la que se enfrenta un inmigrante, en sufrir los desmanes que tiene que soportar y la pena que le provoca la distancia, en sentir el placer de los nuevos retos y los retornos, con sentimientos ambiguos, al antiguo y cambiado hogar. 

Leer a Chimamanda, y escucharla †, es darse de bruces con el absurdo del racismo (“Race matters because of racism”), el machismo y las desigualdades (“The problem is that there are many qualified people who are not where they are supposed to be because the won’t lick anybody’s ass”), con las penurias que miedos necios crean en unas relaciones que deberían ser de lo más naturales y con personajes que hacen de este mundo, con sus ideas arcaicas y egocéntricas, un lugar menos amistoso y humano. 

Leed Americanah *. Disfrutadlo. Asimiladlo. Veréis como en vuestro interior algo cambia. Quizás así todos nos volvamos un poquito más humanos.

https://youtu.be/hg3umXU_qWc

* Y no solo este libro. Y no solo a Chimamanda Ngozi Adichie. Leed literatura diferente, de otras culturas que os resulten ajenas. En ella hay un mundo desconocido y maravilloso que os hará mejores, en el más amplio sentido de la palabra.