Madre de leche y miel – Najat El Hachmi

El primer vínculo sentimental que tenemos con la realidad nada más nacer es con nuestras madres y, sea cual sea la circunstancia vital que dé continuidad a ese primer instante, el nexo permanecerá eternamente. Quizás por eso en la historia de la literatura las madres han ocupado siempre un puesto predominante en muchas narraciones y nunca son un personaje completamente ajeno a la historia principal de cualquier relato, ya sea por medio de relaciones tormentosas como las que cuenta Vivian Gornick en su “Apegos feroces”, a través del sufrimiento colectivo de madres menos cercanas en su vínculo afectivo como la que describe Angelika Schrobsdorff en “Tú no eres como otras madres”, mostrando el dolor de madres incrédulas y dolientes como la que aparece en “En tu vientre” de José Luis Peixoto, o como las múltiples madres que aparecen en el libro que nos ocupa, “Madre de leche y miel” de la escritora marroquí Najat El Hachmi.

Fátima ahora es madre. Y hace muchos años, y a muchos kilómetros de distancia, fue solo hija. Y junto a ella había otras hermanas que estaban, como ella, condenadas a ser madres y esposas (y esclavas). Y tanto antes como ahora, eran pocos los momentos en los que la alegría era mayor al sufrimiento. El trabajo, antes y ahora, era el medio de huir de la realidad. Ahora para mejorarla y poder conseguir que su hija tenga una vida mejor, antes para soportar la miseria de su destino como vientre. Puro vientre de simientes.

Fátima ahora está sentada en su casa materna delante de sus hermanas contando como emigró de Marruecos a Cataluña en busca de su marido. Éste la había desposado por capricho, haciéndola mudarse a su casa familiar donde su suegra y sus cuñadas la odiaban, vejaban y maltrataban, para después abandonarla sin dar mayor explicación con una hija gestándose en su vientre. En el pueblo catalán a donde llegó con una bolsa, una hija y un poco de masa madre para poder hacer el pan de siempre (el simbolismo de este hecho es sobrecogedor) le esperaba la miseria del emigrante: la soledad, la pobreza, el rechazo, el miedo a lo nuevo y ajeno, el esfuerzo sobrehumano y, afortunadamente, la solidaridad.

Fátima, mucho antes, estuvo sentada en el patio de su casa de Marruecos con sus hermanas esperando su futuro. Éste pasaba porque alguna familia se encaprichara de ella y la comprara por una dote para pasar a ser propiedad de su marido en vez de serlo de su padre y convertirse entonces en madre. Fátima trabajaba mucho. Bajaba al río a lavar la ropa contra las piedras, traía agua de la fuente, cuidaba la casa, preparaba la comida y, sobre todo, amasaba y cocinaba el pan. Su pan. El pan que la acompañó después en su viaje y que la alimentó haciéndola sentirse menos lejos de su casa.

Najat El Hachmi nos cuenta esta historia de Fátima, que es la de muchas mujeres que viven sometidas por la tradición, la incultura y la pobreza. Najat hace un alegato de la feminidad más allá de la maternidad, de la libertad por medio de la cultura, y de la familia, pero de la de verdad, de la que nos quiere incondicionalmente y no de aquella que se nos impone. Najat también nos presenta de una forma cruda y transparente el sufrimiento que se padece en la emigración. En estos tiempos en los que en “el primer mundo” (como odio esta expresión) la emigración se nos intenta mostrar constantemente como un peligro es necesaria esta visión clara y sencilla de lo que sufre el inmigrante que no busca otra cosa que encontrar una vida decente.

No es fácil toparse con libros tan bien escritos como “Madre de leche y miel”. Las diferentes voces se mezclan en una sintonía narrativa perfecta, donde sufrimos con lo que nos cuentan, con sus susurros, sus lamentos y sus escasos goces. Disfrutad y sufrid de este magnífico relato. Os removerá y necesitamos, en este mundo indigno, que así sea.